Adolescencia y juventud adoptada. Experiencias de vida. Danele Benítez Baz.

La adolescencia siempre se ha visto como una etapa complicada, tanto para los padres y madres como para los propios hijos. Hay situaciones en la vida que pueden hacer que esta etapa resulte aún más compleja, ya sea porque la pareja conyugal se ha divorciado, porque el padre o la madre están ausentes o por los problemas de adaptación que pueda tener el adolescente… Asimismo, estar pasando por un proceso de vida adoptiva también puede suponer una situación más complicada, sobre todo si el adolescente no está llevando bien el proceso adoptivo (por no haber tenido una adaptación adecuada o por haber entrado en una crisis más compleja).

Conocer historias reales desde la perspectiva de quien ha sido adoptado/a puede darnos algunas pistas sobre lo que sería aconsejable seguir haciendo (o dejar de hacer) durante los procesos de adopción.

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La historia de Danele , 21 años, estudiante de Psicología de la Universidad de Deusto profesora de inglés (adoptada con 4 años en Colombia).

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Infancia

«Mi hermana y mi familia [adoptante] sembraron la seguridad emocional que necesitaba»

Si bien es cierto que yo no recuerdo muchas cosas sobre mi niñez anteriores a ser adoptada, mis padres sí que recuerdan algunas cosas, que me gusta escuchar. A menudo es como si me estuvieran contando la historia de otra persona, ya que no llego a identificarme al cien por cien. Con aquella niña que fui.

Según nos cuentan, no tuvimos problemas a la hora de empezar a llamar papi y mami a unos completos desconocidos. Aun así, esto no evitó que sintiera bastante rechazo hacia mi madre, y si no era mi padre el que se sentaba conmigo, solía armar unos buenos jaleos. Por las noches, nos dejaban dormir juntas, para hacernos sentirnos seguras, y daba igual cómo nos acostásemos que, por muy leve que fuera, siempre manteníamos un contacto entre las dos, como si quisiéramos sentir que la otra seguía ahí, que no nos separarían.

Aparte de eso, no había señales de que fuéramos a poner resistencia a la nueva vida que nos esperaba. Una vez en España, conocimos a toda la familia y era tanta que, según cuenta mi padre, le iba preguntando si los señores que pasaban junto a nosotros por la calle también eran mis tíos. Desde el principio nos interesó saber si los que iban a ser nuestros nuevos padres tenían dinero y un carro (así es como llaman en Colombia a los coches), con lo ya les queda claro que espabiladas éramos un rato…

Adolescencia

 «Hubo momentos de montaña rusa. De nuevo mi hermana para apoyarme y mi familia junto a mí como pilares»

Durante la etapa en que se supone que tu identidad y tu personalidad se van desarrollando, el encajar perfectamente con los demás y tener un grupo de amigos en los que confiar fue una gran ayuda. No me importaba que la gente supiera que era adoptada. Esto es algo que siempre he tenido interiorizado, hasta el punto de parecerme normal. Conscientemente no puedo explicar cómo mis padres consiguieron hacerme sentir así, pero no me imagino mi vida siendo de otra manera. Todo lo que he vivido con mi familia aquí y el no ocultar mi pasado (al menos, la parte que conocen mis padres) me ha hecho llegar a ser quien soy hoy en día. A ellos les debo mi vida, sin creer que les debo nada, sino del mismo modo que lo sentiría si fuera biológicamente suya.

El haber llevado bien todo el proceso no significa que no tuviera mis momentos de inflexión, porque, aunque yo no lo recuerde, tuve algunos altibajos a la hora de cuándo y a quién contar que era adoptada o de hablar sobre ello. Según me cuenta mi madre, una vez tuvimos una discusión al haberle contado a mi prima que éramos adoptadas, ya que ella, al tener 9 meses cuando llegamos, desconocía esa parte de nuestro pasado. Durante esa etapa de inflexión solía ir de un extremo a otro; pasaba de contarle a todo el mundo que nos habían adoptado a no contárselo a nadie y no querer hablar del tema. Por suerte, al final conseguí bajarme de esa montaña rusa y llevarlo con normalidad.

Además de todo eso, estoy segura de que gran parte de quien soy y de haber llevado de manera tan natural las preguntas con las que me bombardeaban (en cuanto sabían que era adoptada) se lo debo a mi hermana. El no haber vivido sola el proceso, tener a alguien que comprende por lo que he pasado (ella también es adoptada), alguien de la que fue mi familia de origen, son cosas que te dan el valor necesario para aceptar y ver que, al igual que tú, hay mucha gente en la misma situación y no es algo de lo que avergonzarse. Ni mucho menos. Tengo mucha suerte de poder tenerla conmigo y eso me lleva a pensar en la importancia de no separar a los hermanos a la hora de adoptarlos.

Reflexión sobre ser adoptada

«Mi madre y mi padre supieron protegerme, darme afecto y estimulación».

Existen cinco necesidades primarias en los niños y niñas que los padres deben cubrir para el buen desarrollo de estos (Barudy y Dantagnan, 2010): protección, socialización, resiliencia, necesidades educativas y necesidades nutritivas (cuidados, afecto y estimulación). De una forma o de otra, mi padre y mi madre han sabido cubrir todas esas necesidades. Mayormente creo que ha sido un factor decisivo en cuanto a mi salud física y psicológica, ya que a mi parecer, por muy bueno que sea el proceso de adopción, la falta de alguna de esas atenciones primarias podría suponer una mala adaptación y un desarrollo emocional, personal y social inadecuado a lo largo de la vida.

«Lo que me diferencia de la gente que me rodea son unos ojos rasgados de color café y haber nacido dos veces. Y esto genera dudas»

En cuanto a lo que podría destacar que me diferencie de la gente que me rodea, son mis ojos rasgados de color café y el haber nacido dos veces Por lo demás, no he notado que el hecho de ser adoptada haya influido en mí de otra manera. Tengo unos buenos estudios, un trabajo, una gran y buenos amigos, igual que cualquier otra persona, haya sido o adoptada.

Aun No habiendo nada importante que me diferencie de los demás, al tener unos rasgos distintos, muchas de las personas a las que me presentan (o que acabo de conocer) suelen hacer preguntas bastante directas sobre donde nací o si soy española. El no haber nacido aquí no significa que tenga que ser adoptada… Generalmente creen que me mudé a España con mi familia de allí, así que me bombardean con preguntas queriendo saberlo todo de mi vida, como si el no tener un cuerpo vida parecidos a los suyos les diera derecho a ello. Esto no es algo que me moleste y suelo contestar a todas las preguntas, mientras estas no sean demasiado personales o sean irrespetuosas. A menudo, incluso me resulta gracioso que un desconocido muestre tanto entusiasmo por conocer mi vida, pero a veces también se hace un poco pesado contar la misma historia una y otra vez, sobre todo cuando no tengo la respuesta a muchas de las preguntas que me hacen sobre mi pasado.

Una de las que más se suele repetir es la gran cuestión sobre si me gustaría conocer a mis padres biológicos. Realmente nunc a he sentido la necesidad de hacerlo, ya que me siento completa con mi familia, aunque sí que es verdad que, a veces, la curiosidad hace de las suyas, pero nunca me lo he planteado como algo serio. Esto suele desconcertar a la gente: muchos no entienden que no quiera conocer a padres biológicos y les sorprende que no haya cruzado ya medio mundo para encontrarlos. Aunque creo que esto es algo normal, esa gente no ha vivido lo que es entrar en una nueva familia y sentirte tan parte de ella que no tengas la necesidad de llenar los huecos del pasado. Ni de buscar algo que ya tienes: unos padres que me quieren y una familia a la que adoro.

Adolescencia y juventud adoptada. Experiencias de vida.

Experiencias de vida 1: Somos jóvenes y adoptados. Hablamos desde nosotros para vosotros.

Danele Benítez Baz.

Del libro:

ADOPCION EN LA ADOLESCENCIA Y JUVENTUD

Autor : Félix Loizaga Latorre (coord.)

ISBN : 978-84-271-4132-2

Año de publicación : 2017

Ediciones Mensajero. Grupo de comunicación Loyola.

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