Lo dan absolutamente todo por los pequeños sin pedir nada, tan solo “una foto de vez en cuando”, pues no quieren entrometerse en la vida que la familia adoptiva y “su niño” han formado. Con discreción. A distancia. Pero felices por el trabajo hecho. Esperanzados en que todo ha de ir bien y anhelando que cuiden a ese pequeño, que lo quieran tanto como ellos.