Apuntes sobre clínica de la adopción. PONENCIA COMPLETA. Autor: Emilce Dio Bleichmar

Apuntes sobre clínica de la adopción

Publicado en la revista nº031

Autor: Emilce  Dio  Bleichmar 

Con el tema de la filiación adoptiva, iniciamos en Aperturas la publicación de –al menos- un artículo por número dedicado a temas y problemáticas infanto-juveniles.

Desde hace unos años, y en forma creciente, los padres demandan información previa a la adopción, así como ayuda y asistencia psicológica en el largo proceso de creación de vínculos con los niños/as adoptados/as.

Ponencia con material clínico que espero sea de ayuda para contrastar situaciones difíciles que encontramos frecuentemente en la consulta.

 

La adquisición del sentimiento de seguridad en los procesos de adopción

[Trabajo presentado en las VII JORNADAS DE APEGO Y SALUD MENTAL “El Vinculo de Apego: de la Regulación Emocional al Sentimiento de Seguridad” Donostia-San Sebastián, 20-21 de octubre de 2006]

La adopción ofrece una oportunidad extraordinaria para el estudio del desarrollo infantil. Puesto que los niños adoptados crecen en familias en las que no tienen relación genética con sus padres, ofrecen una oportunidad excepcional para estudiar la importancia relativa de las influencias genéticas, ambientales compartidas, y ambientales no compartidas sobre el desarrollo de las características y conductas del niño.

Puesto que los niños son adoptados con una gran variedad de circunstancias y un amplio rango de edades, los estudios de los niños adoptados y sus familias ofrecen a los investigadores la oportunidad de examinar las influencias a corto y largo plazo de numerosos ambientes en el desarrollo del niño. A su vez, puesto que son adoptados en hogares con distintas características (hogares multirraciales), la adopción ofrece la oportunidad de estudiar el rango de influencias de estos hogares sobre el desarrollo del niño.

Existen varias cuestiones teóricas que pueden explorarse mediante datos provenientes de la investigación sobre adopción. Por ejemplo, si la edad de adopción influye en la capacidad de un niño para formar un vínculo con una nueva figura parental, si los patrones problemáticos de apego mostrados por niños maltratados se mantienen tras cambiar a un nuevo entorno de cuidado, y si pueden identificarse los distintos patrones de conducta entre niños con graves problemas de apego. En gran parte de la literatura sobre la familia postadoptiva el acento es puesto en las dificultades del niño para el desarrollo del vínculo de apego, quedando en cambio aquellas de los padres mucho más desdibujadas. En este trabajo intentaré mostrar a través del historial de Vito y sus padres adoptivos las enormes dificultades que han atravesado, y atraviesan aún, para la construcción de sus vínculos con el niño.

Singer, Brodzinsky, Ramsay y col (1985) consideran que de parte de los padres, los factores que pueden dificultar el desarrollo de un vínculo de apego seguro en niños adoptados son los siguientes:

–          Parejas que no han resuelto adecuadamente su condición de estériles y comienzan a estar resentidos uno con el otro, y a sentir resentimiento hacia el niño

–          Poca certeza y preparación para la difícil tarea

–          Poco dispuestos a pedir y recibir ayuda

–          Por lo general, carecen de modelos de parentalidad adoptiva como referentes

La historia previa del niño, el tiempo previo a la adopción vivido con sus padres biológicos, la permanencia en instituciones, o en diversos hogares sustitutos no les ha permitido establecer una relación consistente con ningún cuidador

Desafortunadamente en el historial que voy a presentar confluían todos estos factores.

Vito y sus circunstancias. Hacia la reversibilidad del trauma

Adopción de dos niños hermanos (probablemente de distinto padre): Victoriano y Almudena de 7 y 5 años respectivamente.

Consultan cuando el niño tiene 9 años, en un momento de la pareja adoptante que podríamos considerar crítica. Existe una figura acuñada por June Bond (1995), el síndrome de depresión post adopción (PADS), que podríamos aplicar a estos padres: francamente desilusionados, irritados y adjudicando todos los problemas que enfrentaban en la construcción de la familia adoptiva al niño. Con anterioridad lo habían llevado a un programa para tratar sus dificultades de atención durante un año (juegos en el ordenador), y al año siguiente a una psicoterapia de orientación cognitivo-conductual, sin sentirse satisfechos con los resultados obtenidos.

La madre hace la siguiente presentación de Vito

  • Tiene un déficit de crecimiento (consulta neuroendocrina y en seguimiento)
  • Escolaridad: no sabía leer ni escribir, va un año atrasado
  • Enuresis, “lo hace a posta cuando se cabrea”
  • Introvertido
  • Negativo
  • Soberbio, envidioso
  • Es el matón, en el comedor roba comida y es muy agresivo
  • Muy mentiroso, no tiene sentimientos

Su consulta me trasmite claramente que esta pareja de padres han considerado la adopción como un proceso de exclusiva ganancia para ellos y para los niños y que se hallan ante la gran desilusión, ante un sueño que se hace añicos y que atribuyen por completo dicho fracaso a la genética del niño. Son padres escasamente preparados para el reto de la adopción como un proceso de múltiples pérdidas y de un continuo trabajo de duelo. Me trasmiten en todo momento la impresión de que Vito no es hijo de ellos, que por eso se comporta así. ¿Han desarrollado estos padres un vínculo de apego con el niño? Por supuesto que sí, pero altamente ambivalente.

Cuanto mayor sea la ambivalencia percibida en los padres por los niños -ambivalencia que es codificada como un nuevo riesgo de abandono- mayor será “el lazo imaginario” que desarrollarán con sus progenitores biológicos, con la fantasía que si ellos supieran dónde se encuentran podrían venir a buscarlos y quererlos mejor. Esta oscilación del anhelo y deseo hacia sus padres biológicos dificulta el proceso de vinculación a los padres adoptantes, y les sumerge en la creencia que “deben” conservar el amor hacia sus padres biológicos como una garantía imaginaria, que, por un lado los ayuda a vivir, a sostenerse (probablemente esa actitud de soberbia que Marta observa en él), pero que en realidad les aumenta el sentimiento inconsciente de abandono.

Bowlby (1951) en uno de sus primeros estudios sobre niños con severas carencias de cuidados maternales señalaba las características que presentan estos niños, casi todas presentes en Vito:

* Relaciones humanas superficiales

* Carencia de sentimientos e imposibilidad para formar nuevas amistades (“Es falso como un Judas, él a la gente le da una imagen de simpático y cariñoso, luego es un niño que no tiene sentimientos”)

* Inaccesibilidad (“es difícil sacarle una palabra”)

* Falta de respuesta emocional apropiada acompañada de despreocupación (“le da lo mismo el premio que el castigo”)

* Engaño, mentira y evasión, frecuentemente sin sentido

* Conductas agresivas que se presentan desde las formas más ligeras de negativismo o burla, hasta las más severas de delincuencia (“se enfrenta a los profesores y celadores del comedor”)

* Con frecuencia presencia de un amplio círculo de pseudoamigos

* Con frecuencia despiertan agresividad en los cuidadores

* La actividad en grupo está limitada por la imposibilidad de soportar la frustración

* Marcada distractibilidad

* Posibles actos de tipo antisocial como resultado de las características antes enunciadas

De modo que se imponía, antes de tomar contacto con el niño, una etapa de trabajo preliminar con los padres para hacerles más comprensible el cuadro que presentaba Vito y que ellos no entendían. «Es desmedido, te acaba de conocer y viene a ti y se te tira a los brazos y te pega unos abrazos y besos, y a la persona que tiene al lado ni te mira, es como una cosa rara, no sé qué decirte«, son palabras de Marta.

El primer punto a trabajar fue, entonces, informarles sobre el trastorno reactivo de vinculación como una característica de muchos niños, no sólo de Vito, como ellos creían.

Niños institucionalizados

En la actualidad, existe una amplia literatura en torno a niños de la guerra, a niños adoptados y acogidos por serias situaciones de maltrato familiar, que proporcionan datos sobre condiciones muy diversas de crianza, desde privaciones extremas como es un estudio realizado con adopciones provenientes de Rumania (O’Connor y Rutter, 2000) en contraste con casos de niños institucionalizados que se hallaban bien nutridos y hasta practicaban juegos y deportes, con la única carencia de la falta de una cuidadora estable. A pesar de estas importantes diferencias de acogimiento ambos grupos evolucionan con patrones de conductas en las relaciones posteriores que responden a grandes rasgos al cuadro de trastorno reactivo de vinculación, ya sea con rasgos de aislamiento o de indiscriminación social.

Esta tendencia a clasificarlos de manera polar proviene de las descripciones y definiciones aportadas por las clasificaciones americana y europea -DSM-IV y CIE 10- sobre el trastorno reactivo de vinculación, que se ha dado en llamar modalidad inhibida o aislados y desinhibida o indiscriminada.

Inhibidos o aislados afectivamente

* no hacen contacto visual

* no responden cuando se les llama

* falta de atención, interés y mirada recíproca

* no tiene placer al sonreír

* no obtienen placer en el juego (» a veces ni juega pero se entretiene con un palito»)

* apatía

* mirada fija

* sueño excesivo

* falta de interés generalizado por el entorno * pérdida de peso

* fracaso en el desarrollo motor

 

Desinhibidos/ indiscriminados («psicópata afectivo»)

* afectos superficiales

* ausencia de temor al extraño, excesiva familiaridad y disponibilidad para irse con ellos

* demandas desproporcionadas

* expresiones de afecto excesivas

* búsqueda de contacto físico y déficit en la apropiada distancia corporal (subirse a la faldas, coqueteo con desconocidos), que es entendida como una conducta intrusiva.

La información produjo un cierto alivio, si muchos niños eran de esta forma, ellos no serían tan malos padres, que era en el fondo su mayor preocupación, especialmente en Marta, que inconscientemente percibía sus serias limitaciones. Pudimos revisar muchos diferentes episodios del pasado que ellos interpretaban como una suerte de maldad intrínseca del niño que los habían impactado en forma muy negativa. Les impresionó constatar la frecuencia del sueño excesivo que ellos pensaban que era una venganza hacia ellos: «Cuando se enfada, otra manía que le da es dormirse. Tiene una capacidad de dormirse impresionante. Se pone a dormir donde le pille. Este verano ha dormido casi 11 horas, me decía que le dolían las piernas, y el pediatra consideró que eran dolores del crecimiento«.

  1. Impacto sobre los padres de la indiscriminación del apego

Contándome Marta como había visto a Vito con sus propios ojos pegarle a un chico en el patio del colegio, cuando el niño había notado la presencia de ella «se quedó petrificado y rápidamente cambió como un santo varón, ya verás cuando lo conozcas es simpatiquísimo, pero es falso como Judas«.

 

  1. Dificultades para entender la profundidad y amplitud del cambio de identidad que se tiene que dar en el niño

El está un poco confundido, quizá haya sido un poco nuestra culpa, porque pasó de la nada a tener muchas cosas, porque estos niños han pasado de la miseria y quizás la asimilación… Cuando llegaron a España no habían visto nunca una lavadora y se tiraron horas delante de la lavadora viendo como daba vueltas.

Se niega mucho a todas las cosas del colegio, para él su vida es irse al campo, coger bichitos, rebozarse, además es muy sucio, rompe todos los pantalones del mundo, no hay manera, le dices las cosas veinte veces, él no entra por el aro, se cree que está en la selva, en su tierra.

Aprovechando comentarios de política nacional, de equipos de football, hablamos del orgullo de lo propio y de los extremos de violencia a que se puede llegar por los colores de una camiseta. Utilizando sus opiniones muy flexibles y comprensivas sobre estos temas pudieron entender que a Vito le pudiera doler que le dijeran que él se había criado en la selva. Pudieron acercarse a entender lo que significa la transculturalización, el cambio en la identidad en lo más íntimo de su ser.

 

3.- ¿Todos lo quieren? ¿Cómo querer a esta gente?

P: Llegaron a España y fueron muy bien acogidos, se volcó todo el mundo, todo eran halagos y mimos, de ser niños que nadie los ha querido de repente eran como reyes…

Dificultades de padres que no tienen en cuenta estos factores, la perplejidad, la confusión, el impacto paradojal de la avalancha de personas ajenas a la vida del niño, a las cuales tiene que “supuestamente” querer. En realidad, cuanto más autoestima tenga el niño o valore su pasado –lo que es un signo de que el maltrato no ha sido tan brutal- más cauto será en el traspaso de sus afectos.

4.- Ambivalencia del niño. Ambivalencia de los padres

Enuresis

Hemos probado todos los métodos y al final hemos llegado a la conclusión que se hace pis porque le sale de las narices, es una venganza hacia nosotros, eso te lo digo yo, porque hay temporadas que no se hace pis. Cuando está cabreado o ha tenido un mal día amanece de pis hasta arriba.

Rechazo al aprendizaje

Marta se irrita porque Vito suspende inglés, música y gimnasia…

P.- Yo creo que con su madre se lleva peor que conmigo, en verano que ella ha estado unos días afuera por su trabajo, problemas de matemáticas que no le salían los hizo todos bien, pero en cuanto viene la madre, que es ella quien se los corrige, los hace todos mal.

M.- Si es verdad somos incompatibles de carácter, es especialmente conmigo, lo cual hace que lo rechace. Te soy sincera no te quiero mentir, me pone del revés, te lo digo así de claro. Hay veces que me voy o le digo que se vaya, que no lo quiero ver, porque lo único que me dan ganas es de estrangularle, porque es un niño que tiene la habilidad de sacarte de las casillas.

De más está decir que a Marta le cuesta asumir su ambivalencia como un factor central en el comportamiento del niño y aparecen los problemas de pareja que se generan por la polarización de actitudes entre madre y padre. Jaime termina diciendo que para no pelearse con ella, él decide no intervenirFinalmente, caen el extremo de las amenazas de destierro: “Si suspendes en junio te vas interno en verano a un colegio”; lo castigaron sin fiesta de cumpleaños, sin valorar lo que esto pudo significar para un niño adoptado, con el agravante que ni las amenazas ni los castigos involucran a su hermana. Obviamente, Vito agrede frecuentemente a la niña.

Comienzo de la terapia de Vito

Durante un tiempo se reproducen conmigo los comportamientos de aislamiento afectivo, desconfianza y dificultades de contacto con un tono de dureza y hostilidad propio del cuadro de Trastorno Reactivo de Vinculación de tipo desafectivo.

Vito juega en un rincón del cuarto, de espaldas. Elige distintos juegos pero no se interesa mayormente por ninguno. Suelo comentarle que puedo ayudarlo con juegos que elige que son un poco complicados. Por lo general no me contesta. Elige el Quién es quién. Le digo que ese juego es para jugar de a dos; “Yo juego solo”, me contesta airado.

Luego de un tiempo en una sesión le pregunto¿No tenías ganas de venir aquí? Contesta rápido y espontáneamente: “Sí tenía, cuando Grego (su cuidadora) me dijo de venir yo le dije que tenía muchas ganas”.

Sigue jugando solo con un camión pero ahora me comenta “me gustan las cosas que giran pero no lo puedo hacer porque la gente se marea” (racionalización evidente de su aislamiento).

T: Ahora, aunque juegas solo, me hablas y yo me siento bien contigo porque al ponerte en el rincón y de espaldas y no querer nada conmigo yo puedo pensar que no tienes ganas de estar aquí y sentirme mal. A lo mejor eso pasa en tu casa cuando tú no respondes, ellos pueden sentir que no los quieres.

V: Si me regañan ¡me aguanto la rabia!

T: Pero luego le pegas a Almudena y terminan pegándote a ti.

V: Cuando estoy en contra de ellos no me doy cuenta de lo que estoy haciendo.

Vito describe claramente el campo de batalla en que se ha convertido el regalo de tener una familia. Efectivamente, se atacan de ambos lados y él ha aprendido a no mostrar sus sentimientos pero, lejos de no tener sentimientos, como Marta cree, sus sentimientos lo dominan.

 

Reciprocidad de los sentimientos de rechazo afectivo

Si comparto esta información con los padres, Marta se muestra escéptica “Lo siento falso, viene y me abraza por detrás como un Judas”. Marta se siente traicionada en su dedicación y oferta de cuidados pues no recibe lo que espera. ¿Qué espera? Obediencia como muestra de cariño; enorme desencuentro, porque Vito espera respeto por su indigenismo.

Mejor vínculo con el padre -“Yo creo que le importo algo”- pero también lo mide a través de los esfuerzos por el aprendizaje. Ambos enfatizan que está atrasado, que es el mayor de la clase y centran la relación en convertir al “salvaje” en un ser urbano, no perciben el sufrimiento del niño que lidia con su diferencia étnica.

Les ayudo a conectarse con el hecho que ellos esperan cariño y reconocimiento por sus esfuerzos y se frustran, sufren y se vuelven hostiles con el niño; y esto es un efecto boomerang, pues lo mismo y aumentado siente Vito.

Los malestares del niño, un mundo desconocido para los padres

Vito percibe la ambivalencia materna

Me cuenta sobre la temática de una obra de teatro que fue a ver:

V: “Yo no sabía quién era bueno y quién era malo”

T: ¿A veces te pasa eso también en casa, papás que te fueron a buscar y quieren ser tus padres y tú sientes que no son buenos contigo?

Vito ya habla muy fluidamente conmigo y me cuenta sus tribulaciones en el colegio: Hugo decía que yo estaba por Vanesa y yo no estaba por Vanesa. Se burlan de mí, que yo estaba por Vanesa porque somos iguales.

T: ¿Cómo son iguales?

V: Del mismo color.

T: ¿De pelo?

V: No, de piel.

T: Te hace sentir mal eso que piensan tus compañeros.

V: ¡Claro! De mayor quisiera ser bombero para salvar a la gente y meterme en el fuego. Me gusta jugar con la llama de la vela… [Le pregunto si en su casa tenían electricidad] La teníamos rota.

T: O sea que aunque te sientes atacado tú quieres ayudar.

Vemos que desde la subjetividad de Vito sus sufrimientos giran en torno al día a día de su vida escolar -ambiente no protegido al rechazo étnico-, a la ambivalencia y rechazo que percibe sobre todo en Marta, es decir, a las vicisitudes de su vida presente en un colegio español, en una familia que le exige mayormente una rápida integración social y una aceleración de su nivel cognitivo. Vito sufre por sus limitaciones, sufrimiento dominante en esta etapa sobre los procesos de duelo por lo perdido y no sido.

Comienzo de la reparación de las heridas del Self

Los padres comienzan a notar una diferencia: “Antes era frío como un demonio, ahora llora. Antes no se quejaba, ahora se queja”. Ante la aparición de sentimientos en el niño, la severidad del trato de los padres va disminuyendo: “Yo te prometo que si no me mientes no te voy a castigar”.

Viene contento, ha estado en una excursión en una granja, dibuja una familia de cerdos.

V: Había una familia de 4 cerditos. Un cerdo estaba siempre muy triste. Los padres, que no se daban cuenta, estaban tan tranquilos comiendo. Los hermanos jugaban, el hermano tenía un problema, siempre estaba en un rincón muy triste y aburrido. Un día que estaba buscando en la tierra un rinconcito para meterse, encontró una botella para meterse, la abrió y tiró el líquido en el agua y salieron unas plantas. Las plantas le preguntaron qué le pasaba y el cerdo le dijo que estaba muy aburrido y no sabía qué hacer. Que no tenía que estar tan aburrido y que podía jugar con su hermana y se puso a jugar con ella.

Le comento si le pasa como al cerdito y ahora juega más con su hermana.

V: Ella me molesta y prefiero jugar solo.

T: A lo mejor te pasa como el cerdito que ahora sabe que se aburre solo en su rincón pero no sabes como ser amable, no te sale y te encierras. [Se empieza a enfadar] A mí también me pasa que a veces quiero ser amable y, al revés, me sale peor

V: A ti no te pasa (está muy enfadado y llora de rabia)

Llora de rabia con él mismo, los padres se confunden y creen que el enfado es siempre con ellos.

Va disminuyendo la ambivalencia mutua

Vito viene contento; lo han llevado al parque porque hizo la tarea.

T: Estuvo bueno ¿no?

V: Si como donde vivía [con la cara iluminada]. A mí me gustaba más allí.

T: ¿Más que aquí? Nadie te regañaba por las tareas del cole.

V: Para qué necesito ir al cole [encogiéndose de hombros]

T: No creo que pienses lo que dices, que prefieres no saber leer ni escribir (le cambia la cara y se pone serio).

V: ¡¡¡Sí que lo pienso!!! [francamente enfadado].

T: Te sientes mal porque te parece que a mí no me gusta tu país y tú eres de ahí. [Se le llenan los ojos de lágrimas. Largo silencio de ambos]. Te duele que alguna gente hable mal de donde tú vienes

V: [Entre sollozos] Yo era como un animal cuando estaba allí… [Inmediatamente agrega] ¡Yo no era un animal como dicen mis padres! En el coche hablamos si me habían devuelto a mis padres después de estar con la Sra. Irma, 1 ó 2 veces y yo decía que 2 veces y mamá dijo que estaba equivocado [llora]”

T: [Lo consuelo, le alcanzo un pañuelo de papel]. Te hace sufrir recordar esos momentos, que estabas con unas personas y te mandaban con otras…

V: [Me interrumpe y airado me exclama] ¡Tú me crees pero ellos no!

Su respuesta muestra que mi intervención basada en la concepción de la pérdida de su pasado y, por lo tanto, en un supuesto sentimiento de abandono vivido por Vito estaba equivocada. Para él el sufrimiento mayor derivaba de su narcisismo herido, de que sus padres adoptivos no lo valoraran como él deseaba.

Se calma un poco y yo le pregunto: ¿Qué piensas Vito, por qué no podías seguir viviendo con tus padres y te mandaban con otras personas?

Yo sigo insistiendo en mi tendencia a centrarlo precozmente y fuera de timing en el proceso de pérdida, de duelo, sesgo habitual en estos tratamientos y tema en torno al cual pienso que deberíamos reflexionar. ¿Cómo valorar la incidencia del pasado en la complicadísima construcción desde la nada de un vínculo familiar, social y cultural de niños adoptados de mayores que provienen de medios sociales y culturales diametralmente diferentes? ¿No estaremos privilegiando en nuestra comprensión una mirada compasiva pero reduccionista sobre los efectos de los traumas del pasado, cuando los niños sufren el impacto del presente con retos y dificultades enormes que no alcanzamos a percibir bien?

V: [Después de un silencio] A veces mi madre se iba a un bar…volvía con olor a cerveza.

T: ¿Y tu padre?

V: No era mi padre, era con quien vivía mi madre…mi padre era otro que a veces venía… pero mi madre decía que no sabía si yo era hijo de él.

De modo que Vito ha sido objeto de lo que se considera “abandono por incapacidad de los padres” para desempeñar su función: enfermedad mental, alcoholismo crónico, promiscuidad, maltrato (en este caso no parece haber habido maltrato físico o abuso sexual, aunque el niño es testigo de promiscuidad en el hogar, sino negligencia extrema que se convierte en maltrato psicológico como ha sido decirle que ni su propia madre sabe quién es su padre).

Sigue un largo silencio, luego del cual le agrego:

T: Ahora sabes que Jaime te fue a buscar desde tan lejos para que seas su hijo y que te llamas como él.

Se limpia la nariz y se va calmando.

Se ha generado una situación de mucha cercanía entre los dos, parece dispuesto a seguir conversando sobre su pasado:

T: ¿Quiénes vivían en la casa?

V: Violeta, yo, Sebastián y otra hermana que no me acuerdo el nombre… que vivía a veces con mi tía… Con mi hermano salíamos a vender aguacates… un día nos juntamos con un chico que vendía mangos [se sonríe].

T: ¿Qué edad tenían tus hermanos?

V: No sé, nunca nos dijeron… tampoco mi edad… no nos celebraban los cumpleaños pero no me importaba.

T: ¿No sabías cuántos años tenías?

V: No… cuando vine a España 6 ó 7… Yo creo que son 6… yo soy muy pequeño para tener ya casi 10 años.

Vito recuerda orgulloso de sí mismo su capacidad de sobrevivir en base a sus propios esfuerzos, allí él, aun en sus carencias, no era inferior ni impotente, como se siente aprendiendo lo que los otros niños ya saben

El vínculo terapéutico con Marta y Jaime se resiente en la medida que -sobre todo- Marta se evalúa a sí misma como realizando una buena labor como madre si Vito se desempeña bien en el colegio. Gran parte de mi trabajo con ella consiste en tratar de entenderla en el malestar que Vito le genera.

M: Yo he cambiado mucho, le dejo pasar muchas pero no puede ser que esconda el cuaderno de notas para decirnos que no tiene tareas.

T: Quizá para comprobar si él te importa aunque no aprenda tanto.

M: No me vengas con esas, claro si nadie le exige nada que va a ser de él (francamente fastidiada).

P: Yo me irrito menos, le digo tranquilamente hay que hacerlas y él las hace.

M: Es así, yo siempre soy la mala.

T: Marta, el asunto más importante que tienes entre manos es que tú no seas ¨la mala¨ para Vito, y también que Vito no sea “el malo” para ti.

Vito viene a las sesiones cada vez más serio y enfadado y llega a manifestar claramente cómo idealiza y se crea una realidad ilusoria del pasado como forma de evadir el rechazo que siente por parte de Marta.

V: Yo no quiero nada, no necesito que me ayuden, yo quiero volver con mis padres… Ellos siempre me tratan mal, siempre estoy castigado, más y más deberes…

Trato de decirle de muchas maneras que él valoraba todo lo que ahora sabía y había aprendido pero que no estaba seguro de que tuviera que aprender con tanto sufrimiento, que no entendía por qué Marta se enojaba tanto con él y que ni bien la veía venir para regañarlo se empacaba –como muchas veces también conmigo-, se cerraba y no le entraba nada. Y que cuando él se cerraba así, a Marta le salía fuego por los ojos y que entonces él, por rabia, se vengaba de ella y se ponía frío como el hielo.

Al tiempo había aprendido a dividir, y a darse cuenta qué desconectado estaba. No sabe el nombre de la calle donde vive y me cuenta que el otro día, pasando por un túnel, le preguntó a la hermana si era el túnel que toman para ir a la casa de la abuela y ella le contestó: “¡Pero, Vito, si hemos pasado 100 veces! No es éste”.

Por primera vez, elige unos muñecos con los que dramatiza como un diálogo -no una pelea- y un juego de mesa para jugar conmigo. Le digo: “Te estás amigando con España y con tu vida aquí con tus padres”.

Por primera vez lo invitan a un cumpleaños los chicos de su clase.

Vísperas de vacaciones

V: “Hace mucho que no me hago pis, sólo una noche”

T: ¿Pasó algo? ¿Peleaste con mamá? ¿Un sueño feo?

V: Soñé que estaba nadando en una piscina y había en el fondo un montón de personas muertas y yo tocaba a uno en un momento [hace un gesto de repugnancia y como si lo hubiera tocado en el brazo].

T: ¿Te dio miedo? ¿Alguna vez viste una persona muerta?

V: No… [De repente dice:] Sí, el tío Chicho, tío de mi madre, venía con dos bolsas y se cayó.

T: ¿Lo viste caer?

V: No, nos llamaron y fuimos a verlo… era algo del corazón y temblaba con las manos. [A continuación dice:]El lunes nos vamos a Benidorm con mi madre y Almudena

T: Sientes algo muy hondo, que te asusta, dejando de ver a papá por muchos días.

Se pone a dibujar, por primera vez, un rostro:

A la vuelta de vacaciones

No acude a la cita, y tengo que llamar para averiguar los motivos. Primero me dicen que están con un problema para traerlo por cuestiones de trabajo y luego, como siguen sin traerlo, Jaime me confiesa que Marta no quiere que Vito continúe el tratamiento, que Vito es un caso perdido y que él no sabe qué hacer. Insisto en hablar con él, le explico que el niño se halla en un punto decisivo del cambio reparador de su vida y Jaime se compromete a sostener el tratamiento, trayéndolo siempre él a las sesiones.

Vito viene y hace el siguiente dibujo y luego me dice «Tengo la mitad en El Salvador y la otra mitad en España».

 

Sus padres adoptivos: los primeros Reyes Magos de su vida

V: Por primera vez los Reyes… bueno, mis padres me trajeron la Game Boy y un día jugué 4 horas y eso que me quedó una, Inglés [los años anteriores le habían castigado no trayéndole lo que pedía].

¡Su primer cumpleaños!

V: En el cole mejor, con mamá mejor, el pis más o menos… El jueves celebro mi cumpleaños.

T: ¡Qué emoción, Vito!

V: Antes yo me imaginaba que era mi cumple, inflaba 3 ó 4 bolsas de plástico y las pinchaba con palillos de los dientes como si fueran velitas y me cantaba el cumpleaños feliz… Yo cuando llegué aquí no sabía qué era un cumpleaños, los chicos en el cole hablaban del cumpleaños y yo no sabía que era. Mi primo, mi hermana, sí tuvieron cumple; a mí me castigaron porque no atendía en clase y no fui ni al cumpleaños de ellos.

Cuando comienza a implantarse en Vito un cierto sentimiento de seguridad en su nueva familia puede comenzar la revisión y el duelo por su pasado

Feliz salida de fin de semana con el padre y la hermana, “fue muy divertido”. Al hilo de su alegría, recuerda un juego que hacían con su hermano en la casa de Irma (la señora que los acogía):

V: Ella tenía dos hijos y formaban un equipo y mi hermano y yo otro que también era muy divertido. Sus hijos dormían en camas y nosotros en un colchón en el suelo… bueno en mi casa también dormíamos sobre un colchón, una colchoneta… a mi hermana la devolvió a mi casa…

T: O sea, que nunca sabías donde ibas a parar… ahora puedes tener la seguridad que el paseo a remar se va a repetir con papá, que no te va a devolver.

V: [Asiente con la cabeza] Yo no conocí a mi padre… no sé quien era.

T: Me dijiste que…

V: Creo que era el de la moto pero había dos: el policía y el de la moto. Cuando estaba el policía, mi madre no lo dejaba entrar al de la moto.

T: ¿Mamá que decía?

V: Mi madre no hablaba, yo hablaba con la gente de la calle, lo que sabía era por la gente, ella venía tarde y con olor a cerveza, era alcohólica y una vez no vino por dos noches… nosotros estábamos con la puerta abierta y vino la policía y nos llevó

T: ¿A dónde?

V: [Con una gran verborragia y agitado me va enumerando las distintas personas con quien estuvo] Con otra, con otra, con otra, en la residencia El Bienestar. Vivimos varios meses con la Sra. Irma y luego nos devolvió a la residencia y de la residencia de nuevo a su casa y luego de nuevo a lo de la Sra. Irma, ella aceptó a una niña, luego esa niña se fue y adoptó una niña pequeña… las dos niñas y el bebé eran marrones, ¡¡así como mis manos!! Luego estuvimos con una señora que tenía una tienda de chuches, dormíamos en el sótano que tenía una tapa y cuando la dejaba abierta, subíamos y comíamos chuches. Nunca las había probado hasta que estuve en esa casa”

T: ¿Te gustaban? ¿Estaban gustosas?

V: Para mí era comida… yo antes comía comida del suelo.

T: ¿Por qué fueron con la señora de las chuches?

V: No sé, porque a Irma no le dio la gana quedarse con nosotros. Luego estuvimos con otra que era una anciana –poco tiempo- y un día con otra joven y después a la residencia. Como se ve, a nadie le gustaba quedarse conmigo.

Le explico la diferencia entre adopción y acogimiento, y que Marta y Jaime los fueron a buscar para adoptarlos para toda la vida, para formar una familia.

V: Sí, de la residencia nos llevaron a otro sitio donde estaban “los padres de aquí”. Allí había juguetes que nos regalaron –los habían llevado los padres de aquí. [Se ensombrece y se queda callado después de este largo relato].

T: Me pone muy contenta que puedas contarme todo lo que has vivido, tu sufrimiento y miedo a qué estaba pasando con tantos cambios de personas y que iba a ser de ti. Si me lo cuentas, quizá sea porque ahora te parece que ya no va a haber más devoluciones y que Marta y Jaime te quieren para siempre y que yo también estoy aquí siempre para cuando me necesites.

V: ¿Por qué hay tantos niños adoptados en España?

T: Hay muchas mamás y papás como Marta y Jaime que quieren darles una familia y cariño a niños que están en residencias

V: ¡Pero eso es un robo!

T: ¿Por qué piensas eso?

V: Porque yo vivía en El Salvador.

T: [Le explico la Adopción Internacional, que por eso en España hay niños de muchos países]. Ahora tú estás adoptado y tus padres nunca te van a devolver a El Salvador.

V: Más me gustaría [con gesto ambiguo].

T: ¿Te gustaría o como tú dices no me voy a ilusionar y yo aguanto todo?

V: Ya sé que por eso digo “más me gustaría”.

Brodzinsky (2005) plantea que la gran mayoría de los niños adoptados mejoran su adaptación cuando desarrollan habilidades cognitivas que le permiten comprender la verdadera naturaleza de lo que significa ser adoptivos.

 

Un punto de inflexión

V: Me dieron las notas y aprobé todas.

Se lo celebro y le digo que merece un premio

V: Bueno no es para tirar cohetes, hay un chico que también se llama Victoriano que saca todas buenas notas, ese sí que sería para tirar cohetes.

T: Mira, Vito, lo tuyo es una hazaña, porque ese chico sabe leer y escribir desde los 5 años y tú tuviste que aprender, teniendo 7, no sólo matemáticas, sino todo lo que es un mundo distinto.

V: Sí, nunca me enseñaron nada, ni mis hermanos me enseñaron nada… no sé cómo sabía hablar porque nunca me enseñaron nada.

T: Fíjate ahora, cuando te enseñan, cómo aprendes rápido. ¿Te acuerdas antes cuando no entendías mate?

V: Ahora si lo leo 3 ó 4 veces lo entiendo.

T: Y lo haces despacito; antes a la 1ª ya pensabas que no sabías y ni lo intentabas. Con el Lego era lo mismo y no te gustaba. [Va canturreando hacia el armario y saca el Lego (ahora juega sin violencia ninguna y se pone a armar].

En la actualidad ha pasado a 5º grado, está asustado, ante el reto cognitivo se le reactiva un tanto la indisciplina y las conductas de riesgo. Continuamos la construcción de la familia adoptiva.

Conclusiones

La inseguridad en el vínculo de apego del niño adoptado está muy reforzado o es producto de varios factores parentales:

1.- La ambivalencia de los padres adoptivos hacia el niño.

2.- El niño queda sumergido en sus propios conflictos sin contención, ni consuelo.

3.- Atribuyen al niño la responsabilidad de sus propios sentimientos de fracaso. El capital genético ajeno otorga fuerza a esta convicción.

4.- Los niños interpretan la hostilidad como su fracaso, lo que los conduce a renunciar inconscientemente a participar en la construcción del vínculo.

5.- Esto agrega confirmación a cualquier duda acerca de su adecuación personal, a su falta de atractivo o al carácter peligroso de sus pensamientos e impulsos.

 

Clave del proceso terapéutico

1.- Dejar para un segundo momento la revisión o evocación del pasado previo a la adopción, cuando el niño haya adquirido un cierto sentimiento de seguridad en la nueva familia.

2.- Si la evocación del pasado o la añoranza idealizada del pasado es muy frecuente, investigar dos situaciones habituales del proceso de integración en la nueva familia:

  1. a) percepción de la ambivalencia o rechazo de los adultos.
  1. b) el conflicto interno ante un estado de mayor bienestar que les genera un sentimiento inconsciente de traición a sus padres biológicos o a la cultura de origen.

 

Bibliografía

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Bowlby, J (1951). Maternal care and mental health. OMS. Monograph Serial 2. Los cuidados maternales y la salud mental. Buenos Aires. Humanitas. 1964

Brodzinsky, D. (2005)

Haugaard y Hazan, 2003, Adoption as a natural experiment. Development and Psychopathology, 15, 909-926).

O’Connor TG, Rutter M: Attachment disorder behavior following early severe deprivation: extension and longitudinal follow-up. English and Romanian Adoptees Study Team. J Am Acad Child Adolesc Psychiatry 12000; 39: 703-12

Singer, L., Brodzinsky D., Ramsay, D., Steir, M., Waters, E. (1985) Mother-Infant Attachment in Adoptive Familias.Child Development, 56, 1543-1551 L.

 

 

 

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