El niño resistente. David Brozinsky, Marshall Schechter, Robin Marantz Hening

Si la adopción causa tanta tensión, entonces ¿por qué no todos, o la mayoría, de niños adoptados muestran problemas graves? Hay varias razones. En primer lugar, la adopción no suele ser una causa  de tensión aguda. La mayoría de padres empiezan a hablar de la adopción con sus hijos durante los años anteriores a la escuela. Para cuando desarrollan la sutilidad cognitiva necesaria para comprenderla, ya llevan un cierto tiempo viviendo con esa situación bastante única. Se han acostumbrado a ella, incluso si no la han comprendido, plenamente. Como explicaremos más adelante, los niños que son dados en adopción en un momento más avanzado de la niñez son más susceptibles de sufrir angustia relacionada con ese hecho, al igual que los niños a quienes no se habla de que son adoptados hasta mucho después de lo habitual.

En segundo lugar, algunos ambientes familiares parecen fomentar unas estrategias eficaces para enfrentarse a la adopción. El sociólogo H. David Kirk, de la Universidad Waterloo, en Canadá, ya retirado, ha señalado que los padres que reconocen sinceramente las diferencias intrínsecas en la vida de una familia adoptiva, tienen más probabilidades de crear un ambiente que ayude a aminorar el temor y la culpa del niño en lo que respecta a su búsqueda de respuestas sobre sus orígenes. Kirk lo denomina familias que «reconocen las diferencias», a diferencia de los padres que «rechazan las diferencias» y que tratan de quitar importancia a los problemas de la adopción y pretenden que las familias adoptivas son exactamente iguales a cualquier otra familia. Las familias que «reconocen las diferencias», como hemos visto, hacen que la adaptación del niño sea más fácil. Las familias que rechazan las diferencias, dice Kirk, transmiten el mensaje-a sabiendas o sin saberlo- de que la adopción debe guardarse en secreto. Es más probable que sus hijos experimenten problemas de adaptación.

Nuestro paciente Dennis creció en un hogar que Kirk habría clasificado entre los que «reconocen las diferencias».

-Cuando trataba de comprender por qué tuvieron que adoptarme -dice-, me ayudó el hecho de que mis padres, en especial mi madre, me animaran siempre Y dejaran claro que podía preguntarles todo lo que quisiera. Me sentía seguro, porque mi madre me aceptaría, sin importar lo que yo pensara o preguntara o hiciera; por ejemplo, buscar a mi madre natural, que es lo que estoy haciendo ahora.

En cambio, Gwen vive con una familia adoptiva que encaja en la descripción que Kirk hace de las que «rechazan las diferencias».

-No puedo hablar con mis padres de cómo me siento en realidad por ser adoptada –dice Gwen, de once años- Se sentirían heridos. Me hacen pensar que soy una desagradecida cuando saco cualquier tema relacionado con la adopción, pero especial si hablo de mi primera madre. En nuestra familia eso es un secreto. Resulta difícil porque a veces me siento apenada y no recibo mucha ayuda.

Finalmente, hay algunos niños que nacen «resistentes». Tienen unos rasgos de personalidad innatos que los capacitan para capear  mejor las tensiones, incluyendo la de la adopción. Son tranquilos, reflexivos, capaces de controlar su conducta y sus emociones. Estos niños resistentes parecen menos afectados por la adopción que otros más irritables e impulsivos. Aunque no nieguen tener algunos sentimientos negativos sobre el hecho de ser adoptados, los niños resistentes suelen encontrar un medio más saludable de integrarlos en una imagen de sí mismos generalmente más positiva.

-En realidad no hay nada tan especial en el hecho de ser adoptado –dice Laurel, de once años-. Es simplemente algo que ha pasado. Antes pensaba en mis padres naturales de vez  en cuando, pero ahora ya no tanto…- Sencillamente no tiene tanta importancia. Sé que sí que la tiene para algunos niños, pero para mí no.

Por supuesto, la vida no siempre es de color de rosa, ni siquiera para un niño resistente. Muchos de los niños de ese tipo que hemos conocido pasan por frecuentes períodos de tristeza y rabia respecto a las cuestiones de la adopción. Lo que hace que un niño sea resistente son sus tácticas para hacer frente a los problemas, unido a que tiene una imagen propia fundamentalmente positiva y a que dispone de respaldo emocional.

Paul es un niño resistente. Desde los tres o cuatro años, ha tenido una notable capacidad para pensar en su propia conducta, para comprender sus sentimientos y los motivos que le impulsan a actuar. También ha tenido bastante confianza en sí mismo, siendo al mismo tiempo realista en la valoración de sus capacidades. Cuando estaba cerca de los seis años, empezó a comprender que ser adoptado significaba que, una vez, tuvo otra madre que no quiso ocuparse de él. Según la madre de Paul, este pensamiento lo entristecía a veces, pero no durante mucho tiempo.

-Recuerdo cuando me enteré de la adopción, tenía sólo cuatro años –nos contó Paul cuando tenía ocho años-. Recuerdo que pensé que mi primera madre me había puesto dentro de mi madre y que eso era lo que quería decir adopción. Sin embargo, cuando tenía cinco o seis años, supe que salí de mi primera mamá, pero no de la segunda. Saber eso me produjo una sensación extraña. No sabía «quién era la primera y estaba triste porque no la conocía y quería ver qué pedo tenía. A veces todavía me siento triste, pero no me duele mucho. Cuando murió mi abuela, estuve más triste; supongo que porque la había conocido toda la vida. Es difícil que no me sienta triste de verdad por mi primera madre si no la he conocido, excepto cuando nací. No creo que la adopción sea tan mala. Aunque no conoces a tus primeros padres, tienes unos nuevos padres que te quieren y eso es lo que cuenta.

SOY ADOPTADO: LA VIVENCIA DE LA ADOPCION A LO LARGO DE LA VIDA


David Brozinsky es investigador, Director de proyectos del Evan B. Donaldson Adoption Institute de Nueva York y profesor emérito de Psicología Clínica y Psicología Evolutiva en la Universidad de Rutgers. Conocido sobre todo por sus investigaciones sobre cuestiones de psicología evolutiva y familia en temas de adopción. Ha publicado numerosos artículos sobre psicología de la adopción en revistas especializadas.

Junto a  Marshall Schechter (1921 -1999), fue profesor de Psiquiatría Infantil y Adolescente en la Universidad de Pensilvania.

 Robin Marantz Hening es una reconocida escritora sobre temas de salud y colaboradora habitual del New York Times y Vogue.

 

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