El trauma tiene nombre de «cultura» y es “social”. Por Félix Loizaga

Las sociedades varían en la forma de producir protección, cuidados y también trauma. Las costumbres de los países están ligadas a las le religiones (aunque sea en países laicos), que han configurado durante muchos siglos las formas de ver las familias, las parejas, la sexualidad, procreación y la protección de menores que se quedan sin familias.

Algunas sociedades tienen problemas de pobreza, pero las capacidades de cuidado están fuertemente afianzadas por los clanes sociales y las familias extensas. Los niños y niñas son cuidados por sus progenitores, abuelos, hermanas o hermanos, e incluso por otras personas cercanas a las familias. Todos ellos proporcionan cuidados. Esto repercute en el desarrollo positivo emocional de los bebés y en la menor traumatización recibida. Las adopciones en estos países suelen estar fundamentadas en el exceso de hijos que no pueden ser alimentados y en las insuficientes condiciones para atenderlos. Es la pobreza económica la causa profunda- de la donación adoptiva. Esto suele ocurrir más frecuentemente en países de Asia, donde 1 a mentalidad es más colectivista y la pobreza suele estar más afianzada a nivel social. Y esto es precisamente lo que observamos en el estudio de adolescencia adoptada. Son los adoptados en Asia quienes tienen menos traumatización. Y como consecuencia, los adoptados que han vivido allí suelen obtener mejores resultados en su calidad de vida.

Otras sociedades han tenido muy arraigado el consumo de drogas y bebidas alcohólicas de alta graduación, unido a un abuso muy fuerte del tabaco. Los dos primeros tóxicos terminan por deteriorar la vida cotidiana de las personas, parejas o familias, y por tanto repercuten en las familias biológicas extensas y en cómo acogen a los hijos e hijas nacidos de ellas. Algunos de estos menores, luego adolescentes adoptados, vivieron una fuerte negligencia provocada por la enfermedad (toxicomanía) de sus progenitores y estos no pudieron ejercer los mínimos cuidados con sus hijos biológicos. Además, estas enfermedades casi siempre provocan apegos desorganizados y desestructurados en quienes las sufren. Algunos de sus familiares biológicos tuvieron además problemas legales, con lo que algunos menores fueron retirados a nuevos establecimientos (orfanatos o centros de acogida), donde se produjeron tiempos de crianza en situaciones muy delicadas para los futuros adoptados.

Las toxicomanías afectan directamente al feto en desarrollo, provocando síndromes (por ejemplo, el alcoholismo crónico fetal. O la dependencia de la heroína en fetos y bebés recién nacidos. Las drogas alteran el propio desarrollo fetal.), y no es una casualidad que algunos adolescentes adoptados en países del Este europeo presenten mayores niveles de traumatización ligados a estas causas. La sociedad europea tiene escasez de menores. Los métodos para tener hijos son usados relativamente bien por una población bastante concienciada. Pero algunas personas, con disfunciones sociales ligadas a la pobreza y a la falta de formación, pueden tener hijos en momentos muy delicados de sus vidas, por su falta de madurez personal, su pobreza económica o el consumo de drogas… Y las familias extensas, cada vez más individualistas, no asumen el cuidado de los menores nacidos en estas condiciones, lo que lleva a una mezcla de malos cuidados iniciales, negligencia, abandono, enfermedad física o mental y pobreza económica. Todo ello ligado a una desorientación de las madres y padres biológicos, que están ellos mismos necesitados de cuidados. Los adoptantes, con su buen hacer, su permanencia y constancia (su enfoque positivo), aportan lo que esos menores estaban necesitando para avanzar como personas.

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El trauma es observable y se manifiesta en enfermedad, disfuncionalidad psicosomática o comportamientos incomprensibles a primera vista

El sufrimiento incomprensible e intenso produce trauma. Este suele ser observable durante años y es proporcional a la violencia del abandono y a los shocks sentidos en los años de angustia, negligencia y apatía, generalmente provocados en los orfanatos, centros inadecuados de acogida o en las familias biológicas (en nuestro estudio, el trauma está más ligado a los orfanatos de mala calidad que a las familias biológicas). Las reacciones defensivas o la rebelión de un adolescente no pueden ser iguales a las reacciones de una mente joven o adulta que ha elaborado durante años y con sus adoptantes, los sucesos complicados de su vida. El trauma interfiere en el desarrollo físico, en la organización del cerebro y de la mente.Y, sobre todo, en los comportamientos del adoptado, al menos mientras el trauma no está verdaderamente elaborado. El impacto de la violencia vivida, del daño emocional, del abandono o de la negligencia se muestra de muy diferentes maneras.

El trauma es el resultado de una ecuación entre:
a) Los buenos tratos que se han recibido a lo largo de la vida;
b) La cantidad e intensidad de los malos tratos recibidos;
c) Los acontecimientos estresantes que van ocurriendo en la vida diaria.

Las manifestaciones más frecuentes serían las siguientes:

a) Shocks traumáticos que se expresan con flashbacks que pueden durar hasta la juventud y que aparecen en momentos inoportunos del día o se manifiestan a través de los sueños, generando confusión o pánico al adoptado y a los adoptantes;
b) Enfermedades físicas que afectan a «órganos diana» del cuerpo (órganos más sensibles), enfermedades entendibles cuando se conoce la fuerte intensidad con la que se percibió la violencia o el abandono;
c) Depresión con importante tristeza, que inhibe las ganas de vivir, con una autoestima fuertemente deteriorada;
d) Miedos, dificultad para la separación del adulto o evitación de los iguales al sentir a los otros como amenazantes y no cuidadores;
e) Movimientos extraños (tics o estereotipias) o hiperactividad reactiva con respecto al mundo que lo rodea.

Puesto que las familias adoptantes juegan un papel indispensable en la aportación del buen trato, y no todas las personas tienen esa cualidad desarrollada, se hace indispensable que quienes deseen adoptar reflexionen sobre sus capacidades. Deberán, además, asumir conscientemente la expresión del trauma de sus hijos adoptivos como parte de la curación.

 

Del libro:

ADOPCION EN LA ADOLESCENCIA Y JUVENTUD

Autor : Félix Loizaga Latorre (coord.)

ISBN : 978-84-271-4132-2

Año de publicación : 2017

Ediciones Mensajero. Grupo de comunicación Loyola.

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