Niños adoptados y alimentación.Estrategias para afrontar conductas. Montse Lapastora

Conductas más habituales relacionadas con la alimentación que muestran los niños adoptados entre o a 6 años:

El niño de 0 a 1 año:

de 0a1Rechazo a integrar nuevos alimentos en su dieta.

Generalmente los niños están acostumbrados a poca variedad en su dieta.Los recursos de la institución suelen ser limitado por lo que las comidas que dan a los menores son productos básicos como arroz, sémola o leche como base de la alimentación. Es comprensible que le resulte extraño comer alimentos tan diferentes a los que estaban habituados y que los rechacen. Con el tiempo, que no será mucho, se habituarán a todos los alimentos que necesitan hasta que incorporen todos ellos en su dieta.

Un truco es utilizar alimentos con colores llamativos y hacer dibujos con ellos. Por ejemplo, se puede hacer un árbol con una tirada de zanahoria como tronco y unos trocitos de lechuga como hojas, o unos gajos de naranja rodeando otra de piña como si fuera un sol. Las posibilidades creativas son infinitas.

No querer alimentos calientes.

Debido a la falta de recursos de personal y de material para conservar los alimentos calientes, las sopas, cuando llegan a los niños suelen estar frías. Para conseguir que acepten los alimentos calientes se deberá ir calentándolos poco a poco, primero se les presenta con una temperatura tibia, la próxima vez un poquito más caliente y así hasta que adquiera la temperatura adecuada.

Rechazar los alimentos sólidos, o por el contrario, las comidas blandas.

En algunas instituciones los alimentos se dan en forma de puré a todos los niños, mientras que en otros sólo se les da sólidos. En función de la experiencia que cada niño haya tenido puede rechazar un tipo de alimento u otro. Sea la que sea, el alimento que rechaza se irá incorporando poco a poco, sin agobiar al niño, es preferible que tarde más tiempo en admitirlo a que se sienta atosigado por la madre provocando ansiedad en ambos y perjudicando con ello la incorporación del alimento que se pretendía.

Ingesta exagerada.

Los menores han pasado privaciones alimentarias, por lo que cuando llegan a sus casas comen en exceso, y parece que no se sacian nunca. A pesar de que su experiencia en su nueva casa es diferente, en ella pueden comer lo que quieran, tardan un tiempo en darse cuenta de que ya no les va a faltar comida. En estos casos, todo lo que necesitan es tiempo para asegurarse de que la situación ha cambiado, y que la comida no le volverá a faltar.

Rechazo a que le de la comida un miembro de la pareja. Sólo uno puede darles de comer.

Estos rechazos suelen depender de los cuidadores que han tenido anteriormente, pueden rechazar al padre porque sólo han estado con mujeres o viceversa. También es frecuente que la figura que rechaza tenga el mismo género de otra que le maltrató. En otras ocasiones no hay un motivo conocido que lo explique pero éste se produce. La paciencia, el cariño y la ternura lograrán que el menor deje que ambos le den de comer.

Forma de tratar estas conductas:

El bebé necesita un tiempo para poder asimilar todos los cambios que están sucediendo, y para ello es necesario que los padres no le hago que me intenten cambiar sus hábitos de un día para otro.

Las comidas es algo que preocupa mucho a las madres, ya que se suelen angustiar si el niño no come todo lo que ellas creen que necesita y piensan que es importante que lo haga ya que suelen venir con bajo peso.
Si el niño no quiere comer al principio, no hay que angustiarse, lo mejor es observable y dejar que cubra sus necesidades. A lo mejor lo que necesita es dormir todo el día  o estar en sus brazos o chupar la sábana. El mismo empezar a comer y a regular su alimentación según se vaya sintiendo más tranquilo.
Es necesario que se le respeten sus gustos en la comida tanto en los sabores como en la textura y la temperatura, y poco a poco vayan añadiéndole alimentos nuevos sin forzarle.
El momento de darle la comida debe ser tranquilo, es importante evitar que se convierta en una guerra en la que la madre o el padre intenten obligar al niño a comer y éste se cierre rotundamente a hacerlo. Tampoco se debe recurrir a inventar todo tipo de artimañas para que coma, como entretenerle con juguetes, ponerle la televisión, que un padre baile delante del niño mientras el otro le introduce la comida en la boca. Si se recurre a estas estrategias, se conseguirá que el niño asocie la comida con otras cosas que no tienen que ver con la alimentación, y aprenderá a manipular a sus padres a través de la comida.

El bebé tiene que aprender que la comida es comida y si no la quiere es que no tiene hambre, ya comerá cuando la tenga. Sólo hay motivo para preocuparse cuando el niño pierda peso, si no lo hace es que está comiendo lo que necesita.

 

El niño de 3 a 6 años:

alimenta1Es normal que los niños quieran comer mucho de aquello que les encanta, y esto no tiene importancia siempre que no deteriore su alimentación en lo referente a la falta de alguno de los elementos básicos (proteínas, vitaminas, hidratos de carbono y grasas). La leche es un alimento bastante completo pero no aporta y otro, por lo que sería conveniente consultar al médico si el niño necesita un aporte suplementario para obtener una dieta equilibrada.

Si el menor come poco pero estaba alegre, sigue su ritmo diario con vitalidad y no pierde peso, no hay por qué preocuparse.

En relación a la esfera bucoalimentaria puede presentar falta de apetito, rechazó a ingerir la comida, problemas para masticar alimentos sólidos cuando puede hacerlo o dificultades para comer son cuando puede hacerlo con cuchara. Por el contrario podría mostrar una ingesta masiva de alimentos, comer hasta saciarse y volver a comer poco tiempo después; también puede robar alimentos y comérselos escondidas. La pérdida de apetito puede ser debida a un nuevo tipo de comidas que se le presentan tan distintas quizá a las que ha conocido. Comer en exceso puede relacionarse con la falta de alimento que el menor ha podido tener con anterioridad y ante la experiencia de la carencia del mismo, tiende a guardarlo. Los padres adoptivos ante esto deberían por una parte invitarle a probar nuevos sabores y por otra, hacerle comprender que no hace falta que coma tanto y que se guarde comida, porque ésta no va a desaparecer, siempre va a estar ahí si le apetece. Esta actitud le tranquilizará.

En general

Cuando un niño adoptado presenta un problema en relación a la ingesta de la comida o de la bebida, es necesario mostrar una actitud empática hacia él. Probablemente para el comportamiento que manifiesta tiene que haber alguna razón. Si el niño tiende a comer en exceso habrá que hacerle comprender que puede comer con la tranquilidad de que la comida no se va a acabar, que cuando llegue de nuevo la hora de comer, la comida estará en la mesa. Cuando él vaya aprendiendo que esto es así, no necesitará comer en exceso, porque tendrá la confianza de que las cosas van a suceder tal como se lo dicen sus padres adoptivos y no pasará hambre. Por otro lado, si el niño muestra alguna manía con respecto a la alimentación, es importante tener en cuenta que puede haber algún motivo para ese comportamiento. No sería bueno intentar forzarle a cambiar su conducta de manera radical, es más positivo intentar escuchar que es lo que el niño cuenta, mostrándole una actitud comprensiva y flexible, haciéndole sentir que esa manera de actuar en su nueva familia no tiene sentido, porque la situación es distinta.

Además de las connotaciones afectivas que tiene rechazar la comida o atiborrarse a comer, algunos niños hacen cosas raras como las siguientes: echan al plato, quieren comer sólo con los dedos, no saben utilizar el tenedor, se guardan la comida en los bolsillos la esconden, no comparten nada con sus amiguitos o comparten absolutamente todo porque no tienen la conciencia de que algo pueda ser solamente suyo. Algunos incluso pegan a otros niños para defender sus objetos, etc.

Cuando surja alguna conducta de este tipo, habrá que pensar que son hábitos que el niño aprendió en su país e intentar explicarle que en el orfanato tenían un sentido pero que en casa las cosas son diferentes, que ya no necesita robar la comida porque no le va a faltar, que no hace falta aguar la sopa, porque aquí tiene fideos suficientes.

 

gracias

Montse Lapastora.Psicóloga clínica, especialista en adopción, psicoterapeuta EMDR, especialista en trauma por abandono.

Directora de PsicovéritasCentros de Psicología y Adopción

Coautora del libro Niños adoptados. Estrategias para afrontar conductas

 

 

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