Pensar (de otra manera) el pasado de los hijos adoptivos. Por Juan A. Casalilla Galán

frase pensar2Venimos insistiendo a lo largo de anteriores “entradas” en la singularidad de la historia y origen de cada menor adoptado y/o acogido. A veces su pasado es pensado únicamente como un “lastre” o una “dificultad”. Preñado de dolor, heridas y carencias.  Se habla de trauma, malos tratos, desatención y abandono, haciéndose generalizaciones peligrosas y poco asentadas en razonamientos científicos. No debemos olvidar que cuando hablamos de un grupo en general no hablamos de nadie. También debemos recordar que los padres adoptivos tienen una «deuda» con ese pasado que les ha permitido ser padres.

Cuando tenemos que responder a las demandas de situaciones singulares, sólo las claves de la relación actual pueden darnos las llaves de cómo actuar.

Ubicar todo lo que nos produce malestar en la relación o lo que no entendemos de un pasado deficitario y/o traumático no es siempre acertado, casi nunca lo es del todo…aunque sin duda produce un traicionero confort intelectual.

Por otra parte Identificar a ese otro con el que nos relacionamos como “en falta”, sitúa las relaciones en una asimetría, digamos que inadecuada. Esta inadecuación no se percibe en un primer momento ya que sitúa a educadores y profesionales en un lugar de privilegio, en un lugar “noble”… ayudamos, arreglamos lo que otros hicieron mal… pero ¿Quién nos legitima a calificar al otro como deficitario, dañado o patológico?

frase pensar1Por supuesto no es hora de infravalorar la influencia que tienen la historia y circunstancias previas, pero sí de colocarlas en su lugar a la hora de explicar las conductas concretas  de la actualidad.

Por otra parte no podemos percibir que  las singularidades que nuestro hijo trae en cuanto a su origen y su historia como una pesada carga, pues son esas circunstancias las que han hecho posible nuestra paternidad, siendo inherentes a esta forma de ser padres. Nuestro hijo no trae una pesada carga (la famosa mochila) sino la promesa hecha por nosotros de hacerle nuestro y darle una vida distinta a la que tenía.  En cierto sentido podemos decir que el hijo adoptivo viene de tenerlo todo a tener sólo una promesa de una “vida mejor”.

Por último no debemos olvidar que todas esas características que se señalan profusamente, y que son relativas al menor adoptable “como grupo” son inherentes y  propias de esta forma de ser padres. Existiendo  en general un no reconocimiento de la “deuda” simbólica adquirida con la historia y circunstancias del hijo adoptado.

 

gracias
|Juan Alonso Casalilla Galán. Psicólogo.Especialista en Adopción.

|Por compartir con nosotros su artículo:Pensar (de otra manera)el pasado de los hijos adoptivos.

 

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