Problemas derivados de la situación de divorcio entre los padres adoptivos. Por José Antonio Reguilón

Problemas de los padres que se desencadenan en la relación con sus hijos.

El desencadenamiento es una palabra importantísima que debemos tener muy en cuenta a lo largo de todo el proceso de adopción, desde el momento en el que nos proponemos adoptar hasta la edad adulta en nuestro hijo.
A lo largo de estos años de trabajo, nos parece fundamental señalar a los padres adoptivos la distinción entre la creación de un problema y el desencadenamiento del mismo.
De cara a la convivencia con nuestro hijo es importante que hagamos un esfuerzo de reflexión para poder ver que no es lo mismo la consideración de que nuestro hijo nos está creando un problema a plantearnos que nos desencadena algo que no estaba del todo solucionado o suficientemente elaborado en nuestra vida.

En este sentido, podemos incluir una situación que actualmente parece ir en aumento; nos referimos a los divorcios entre los padres adoptivos, aumento paralelo al de los divorcios en general.
Podemos decir, con la experiencia de estos años transcurridos, que en los divorcios existen causas que son de los padres, y que el niño viene a ocupar el lugar de desencadenante de los conflictos anteriormente no elaborados.
También es evidente que el niño pone de su parte y que ya sabemos: el modo de vincularse de algunos niños haciéndose expulsar en vez de dejarse acoger.
La vivencia para un niño adoptado tras la ruptura de los padres, es de desprotección.
Lo que representaban los padres para el niño, esto es, un lugar real y simbólico de asegurarse el abandono sufrido, se convierte ahora, con el divorcio en el lugar donde se repite el abandono primero.
Por lo tanto la vivencia es de desprotección. Como consecuencia, es frecuente que, en todas y cada una de las etapas del desarrollo, desde la infancia, pasando por la etapa de latencia* y hasta la adolescencia, el niño pase por momentos regresivos y también agresivos.

El niño tiene que defenderse de esta vivencia de desprotección y por eso es frecuente que se refugie en una coraza protectora. Coraza que puede adoptar varias actitudes: desde la negación del problema y la huida de la realidad, hasta la indiferencia más absoluta.
De cualquier modo, la ansiedad, la tristeza y los miedos pueden aparecer como derivados de la situación del divorcio de los padres.

Así por ejemplo, observamos que se producen rupturas en parejas que en el momento de la adopción no presentaban un proyecto común en cuanto a la intensidad del deseo de adopción, por lo tanto no abordan bien los problemas del hijo.
Esto ocurre cuando uno de los miembros de la pareja hace suyo el deseo de adoptar y el otro es sólo un acompañante pasivo de tal deseo y decisión.
Del mismo modo, observamos que también se producen rupturas en parejas cuyos miembros mantienen roles de funcionamiento familiar muy rígidos, con dificultades para dialogar sobre lo que cada cual hace o piensa ante los problemas del hijo.
En esta situación se producen alianzas entre los tres miembros de la familia que trastocan los lugares que cada cual debe ocupar: padre, madre e hijo. De manera que la alianza puede ir contra la madre o el padre, y también contra el hijo, lo que es sin duda, una agresión para el niño que ya ha sufrido un primer abandono.
Podemos decir entonces que, en algunas ocasiones, los padres se unen contra el niño o se separan por el niño. En ambos casos el causante de su ruptura, según los padres, es el niño.

Ante estas situaciones la reflexión y el diálogo entre los padres son fundamentales. El esclarecimiento de lo que cada cual aporta como causa o como desencadenante es vital para la continuidad o la ruptura del vínculo familiar.
El niño tiene a veces en sus manos la posibilidad de retraerse de la relación, de no entregarse del todo al vínculo paternofilial, de suspender la relación por temor o desconfianza derivados del abandono sufrido, también tenemos que decir que los padres con la ruptura de su relación, se retiran de lo que no es posible retirarse: de las funciones materna y paterna, necesarias para el hijo, más allá de su buena o mala relación como pareja.

Estas situaciones de conflicto se pueden abordar, hay recursos para hacerles frente. La consulta en estos casos es importante, y los padres tienen a su disposición grupos de trabajo en las diferentes asociaciones y organismos dedicados a la adopción para atender estas situaciones de crisis. La experiencia de estos años nos ha permitido comprobar que a veces se rompe una familia sin haber analizado en su verdadera dimensión los problemas con los conflictos que producen la ruptura.

Los padres de Nicolás, un niño búlgaro de seis años, adoptado hace dos, están al borde de la separación y argumentan de entrada razones de peso para la ruptura: el niño atiende, no aprende y se muestra indisciplinado siempre.
El padre no tolera estas conductas y se muestra rígida en su forma de tratar al niño. La madre está medicada después de una depresión posparto. Tuvo un embarazo, al año de llegar Nicolás a la casa del que nació una niña.
Para el padre, la causa de la separación es el comportamiento de Nicolás. El padre considera que la madre se lleva muy bien con el niño y lo consciente, lo que produce en él una situación de celos y de autoexclusión, aunque no lo reconoce.

Cuando el padre reflexiona durante más tiempo sobre la rigidez de sus planteamientos educativos y sobre los motivos personales por los que no tolera la conducta de su hijo, es cuando la amenaza de separación se disuelve, o al menos se retrasa, y se intenta establecer entre los miembros de la familia una relación basada en un vínculo más maduro.

Por ese motivo, hay que distinguir entre la causa de los problemas y de los conflictos y el desencadenante de los mismos.
Los desencadenantes pueden ser motivos graves, pero a veces también circunstancias o contingencias de la vida de las que no estamos nunca libres de todo. Las causas siempre hay que buscarlas, en última instancia, en la realidad psíquica de los padres y del hijo, y no tanto en las razones objetivas de la realidad; porque, a fin de cuentas, el vínculo entre ellos se deberá cuidar a lo largo de toda la vida.

De cualquier forma, podemos hablar de tres etapas en el vínculo entre los padres adoptivos hijos:

1. Una etapa de adaptación e integración primera, derivada del deseo de tener un hijo y del deseo de tener unos padres.

2. Otra etapa en la que aparece el niño con sus peculiaridades, lo que hemos denominado la diferencia entre el niño ideal o esperado y el niño real.

3. Una tercera etapa, la etapa adolescente en la que se recolocan de manera definitiva las relaciones entre los padres y los hijos en la que la adopción se define claramente por ambas partes. El niño adopta definitivamente a los padres, después de la crisis adolescente, y los padres aceptan al hijo tal como es y quiere ser.

José Antonio Reguilón

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*Etapa de latencia – Para el psicoanálisis, etapa del desarrollo psicosexual situada entre los seis o siete años y la pubertad.(Nota del editor)

Del libro: “El Reto de ser padres. guía práctica de postadopción” Dirección: Juan José García Ferrer. Coordinación: Juan Alonso Casalilla Galán.Editorial Salvat-Bruño. (Fuera de Catálogo)

Libro eminentemente práctico, muy visual y divulgativo. Trata todos aquellos aspectos que los padres adoptivos necesitan conocer para realizar con éxito el apasionante proyecto de criar y educar a un hijo. Cada capítulo desarrolla los temas desde la visión científica que aportan la psicología, la pedagogía y la sociología, los humaniza con experiencias y testimonios vivos de padres y los convierte en una herramienta útil por medio de pautas o consejos muy claros. El equipo de autores, dirigidos por Juan José García Ferrer constituye un conjunto de expertos de primera línea que viene avalado por su gran experiencia en el campo de la adopción.

Tapa dura: 296 páginas

Editor: Bruño; Edición: edición (6 de mayo de 2008)

Colección: Castellano – Salvat – Maternidad / Psicología

Idioma: Español

ISBN-10: 8421680285

ISBN-13: 978-8421680285