Resolución positiva de conflictos cotidianos en la familia. Guía

semaf1La familia es un grupo de personas que interactúan. La interacción es la esencia de los grupos, de las familias. Y en cualquier interacción social existe conflicto. Relacionarse con otros, convivir, implica problemas, conflictos. Cuando se habla de desarrollo, de crecimiento, de cambio, el conflicto adquiere un papel protagonista. Es difícil encontrarse familias que al acostarse no hayan tenido que afrontar un conflicto a lo largo del día. Es complicado experimentar que todas las decisiones que toman los hijos e hijas gusten a los padres y, por supuesto, que todas las decisiones que toman loa padres gusten a los hijos e hijas. Por lo tanto, es habitual que los conflictos y la toma de decisiones que supone su gestión aparezcan juntos en cualquier ámbito familiar. El conflicto es consustancial a una estructura familiar que acompañe el ritmo evolutivo de los hijos e hijas. Educar es buscar el equilibrio entre apego y desapego, entre autonomía y dependencia. Nuestros hijos e hijas nos necesitan para dejar de necesitarnos. Dependen de nosotros para luego ser autónomos.

¿Os gustaría dejar de gritar a vuestros hijos e hijas? ¿Consideráis importante fomentar la responsabilidad de vuestros hijos junto a su felicidad? ¿Creéis posible que podáis conseguir reducir vuestros enfados y regañinas? ¿Cómo afrontáis los conflictos con vuestros hijos e hijas? ¿Cómo podemos decir NO a nuestros hijos e hijas de una manera amable pero firme? ¿Reclamamos el derecho a ejercer nuestra autoridad? ¿Queremos saber por qué los castigos no funcionan? ¿Por qué tenemos que estar encima de ellos todo el rato? ¿Cuáles son las claves para negociar con nuestros hijos e hijas? ¿Qué habilidades tenemos que aprender para ser buenos padres y madres? En definitiva, ¿queréis conocer la técnica del semáforo inteligente?

SEMAF3La técnica del semáforo inteligente ayuda a las familias a gestionar de forma positiva los conflictos. Sin necesidad de chillar, regañar, o castigar. Se basa en repartir en cada etapa evolutiva la participación y el protagonismo convenientes de todos los miembros de la familia, a saber: lo innegociable (no se permite al hijo o hija tomar una decisión), lo que se puede negociar (el hijo o hija puede tomar decisiones, bajo la supervisión adulta), y lo que el hijo o hija tiene que negociar consigo mismo (se toman las decisiones sin control adulto).

 

 

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