Trastorno por Déficit de Naturaleza. Mercedes Moya

cubofeliz13dEste trastorno va unido a la falta de experiencias y tiene su principal manifestación en la manera en que nuestros hijos se manchan, déficit de enganchones, de piedras en los zapatos, de barro, hierba y resina en las manchas de la ropa de nuestros niños que deben  ponernos en alerta y hacernos reflexionar sobre si nuestros hijos padecen o no este déficit. Los parques y recintos privados no cuentan, no se corresponden con la definición de “naturaleza”.

Mi hijo pequeño se ensucia mucho… no es que me importe más allá de cuando tengo que lavar tender , planchar y guardar que es lo que más me cuesta de todas las labores domésticas, siempre digo en broma y en voz alta : “no vamos tan guapos para el trajín de ropa que llevamos”… Y es verdad. Pero es que mi hijo sabe jugar ( ojo, no todos los niños saben jugar, no todos los niños han tenido la libertad y la suerte de poder hacerlo) y disfruta como nadie aunque sólo haya cuatro piedras y un palo, o precisamente por eso porque hay cuatro piedras y un palo, porque no necesita más. Siempre que salimos al campo es el más sudado, el más churretoso, el más cochinote y el más feliz.

Se de buena tinta que las experiencias van vinculadas a las manchas, tengo la teoría de que las consolidan, (las experiencias y algunas manchas que no hay quien las saque) y hoy quiero meditar sobre la necesidad de todo eso y la de la naturaleza, de la verdadera naturaleza para experimentar y jugar. “En los ambientes controlados no hay verdadera experimentación” dice Richard Louv, periodista y autor de ocho libros sobre las conexiones entre la familia, la naturaleza y la comunidad. Uno de sus libros “El último niño en los bosques”  provocó un diálogo internacional sobre la relación entre los niños y la naturaleza. El libro ha desembocado directamente en cambios en la programación de la educación ambiental, como en la creación de centros de naturaleza, de espacios de juegos desestructurados con ramas, rocas y suciedad, y en un interés creciente por implementar sus teorías en los centros preescolares de educación ambiental y ha impulsado un movimiento que ahora se extiende entre padres y educadores que han comprendido la necesidad de establecer el vínculo roto entre la infancia y el entorno natural.
Richard Louv es fundador de Los Niños y la Naturaleza en la red www.childrenandnature.org  y acuñó el término Trastorno por Déficit de Naturaleza, que se ha convertido en la frase de la definición de este tema tan importante.

abril 2011 163«Hasta hace 30 años, los niños jugaban entre los árboles o en el campo. Los niños de hoy ya no pueden tener los pies llenos de barro, correr hasta horizontes lejanos, colgarse de un árbol o recrear mundos con lo que hay disponible en la naturaleza. En solo dos generaciones, la infancia ha perdido su legado más preciado: el juego que se inventó hace decenas de miles de años. En los ambientes controlados no hay verdadera experimentación. Aunque precisamente el riesgo es lo que los padres desean evitar, es lo que más nos enseña y estimula la creatividad cuando se trata de encontrar soluciones» Richard Louv.

Yo tuve una infancia de vacaciones en el campo, de bicicletas y churropicoternas, de pandillas de vecinos o de primos, de jugar en el monte Balonsadero (Soria) o en la Dehesa con sus árboles centenarios y en la vega de Granada con las plantaciones de maíz bordeadas de acequias por donde corría el agua y alguna que otra rata de tamaño descomunal. Esos fueron mis mejores recuerdos, tengo el álbum de la biografía de mi vida llena de instantáneas trepando árboles, montando en burro, inspeccionando cuevas, comiendo piñones de las piñas que luego nos servían de granadas de mano contra nuestros amigos del escuadrón contrario, montando en bicicletas con dudosos sistemas de freno, chapoteando en charcos, ”cazando” ranas, lagartijas y saltamontes, de baños en el río, en la alberca y también en la piscina. Para mi pensar en vacaciones es siempre lo mismo: añoranza de árboles, campo y agua dulce y si hay animales ¡mejor que mejor!

abril 2011 salto

Pero es que entonces tanto mis hermanos como mis primos y vecinos estábamos acostumbrados al campo y a mancharnos, de hierba, barro y fruta y lo hacíamos de forma integral, como ahora mi hijo que lo llevas diez minutos a cualquier sitio y vuelve como de la guerra…

Así que cuando el tiempo lo permita me propongo dejar que mis hijos experimenten en algún ambiente poco controlado, morderme la lengua cuando los vea trepar a árboles o rocas (inhibiendo el instinto de protección, ese que me mujaría a vestirlos de buzos con escafandra y todo) y los encomendaré al Ángel de la guarda que el pobre cómo el mío, más que de la guarda parece de la gloria, a juzgar por las escasas señales que me dejaron en la piel y en las rodillas aquellas escapadas salvajes de las que tan buenos recuerdos conservo.

Más sobre Richard Louv:

Richard Louv, autor de ‘El último niño en los bosques’

 «Cuanta más tecnología usamos, más necesitamos la naturaleza»
De una manera intuitiva, Richard Louv acuñó hace una década el término de «déficit de naturaleza» sin saber que iba a provocar una auténtica reacción en cadena. Su libro El último niño en los bosques fue la chispa de un movimiento que ahora se extiende entre los educadores y los padres, deseosos de establecer el vínculo roto entre la infancia y el entorno natural. En su nueva obra, El Principio de la Naturaleza, el infatigable periodista y divulgador extiende su alcance al mundo de los adultos, donde los síntomas y las carencias son cada vez más evidentes.
Pregunta.– ¿Cómo podemos averiguar si tenemos un déficit de naturaleza?
Respuesta.– El déficit de naturaleza no es una enfermedad clínica, no es un trastorno que se pueda tratar con medicamentos. Es más bien una enfermedad social, y el único remedio posible es lo que yo llamoVitamina N, de Naturaleza: pasar más tiempo al aire libre, manteniéndonos activos y en contacto con los seres vivos. Los síntomas son evidentes y todos los conocemos: depresión, obesidad, fatiga crónica, estrés, hiperactividad y déficit de atención, trastornos de aprendizaje en los niños. Son esencialmente las mismas dolencias que aquejan a los animales cuando les sacas de su hábitat natural y los encierras en un zoo o en un laboratorio. El caso es que todo esto lo sabemos desde hace tiempo, pero hacen falta más estudios científicos.
P.– ¿Hasta qué punto se manifiesta el déficit de un modo distinto en los adultos que en los niños?
R.– La idea de El Principio de la Naturaleza surgió precisamente cuando una mujer me espetó a la salida de una conferencia: ‘Mírenos; los adultos también tenemos déficit de naturaleza’. Volvemos a la raíz social del problema: hemos creado un mundo en el que parece que para ser adultos hay que dejar atrás la naturaleza. No nos damos cuenta de lo dependientes que somos de ella. Me gustaría ver en marcha un movimiento, similar al que existe ya entre los educadores y los padres, para traer la naturaleza a los hogares y a los lugares de trabajo. Somos mucho más productivos y creativos cuando estamos en un entorno natural.P.– ¿El remedio podría ser más naturaleza y menos tecnología?
R.– Yo no me considero antitecnológico. Lo que hace falta es un equilibrio… Es más, cuanto más tecnología incorporamos a nuestras vidas, más necesario es el contacto con la naturaleza, precisamente para compensar nuestra exposición a entornos artificiales.P.– Para los niños, la naturaleza era antes la vía de escape del mundo de los adultos. ¿Hasta qué punto ese lugar mágico ha sido suplantado hasta cierto punto la tecnología?

R.– El mundo digital no tiene por qué competir con el mundo físico. Pero es importante la labor de los padres y los educadores para que los niños no se aíslen con la tecnología, y para que tengan a diario suficiente cantidad de Vitamina N.P.– El último niño en los bosques tuvo un gran impacto en países como Estados Unidos y Gran Bretaña ¿Se puede hablar ya de un movimiento mundial de infancia y naturaleza?

R.– El libro sirvió en todo caso como estímulo, pero el poso ya estaba ahí. Y sí, es cierto que las redes como Children and Nature Network, los clubes de naturaleza, los huertos escolares y el gran aumento de las visitas a los parques nacionales en EEUU tienen algo que ver con todo esto. Pero no sé si existe aún un movimiento a nivel global.

 P.– En su último libro (Last Child in the Woods), usted insiste en la necesidad de fomentar ese vínculo no sólo por nuestro propio bien, sino por el futuro del planeta…
R.– A mí no me gustan los mensajes apocalípticos, y creo que le hacemos un flaco favor a los niños si les hablamos en abstracto de los problemas ambientales y de la amenaza del cambio climático. Lo que conseguimos así es más bien generarles la «biofobia», el miedo a las cosas vivas. Para estimular la
«biofilia», que es todo lo contrario, no hay nada mejor que acercarles a la naturaleza.
La siguiente generación tiene ante sí un reto que más allá de la sostenibilidad, que es un concepto estático. Los niños de hoy van a ser capaces de crear naturaleza en el futuro y de reinventar, por ejemplo, el modo en que vive la mitad del planeta en las ciudades. Y eso sólo será posible si aprenden a conocer y a amar la naturaleza.
Carlos Fresneda / San Diego (EEUU). Publicado en El Mundo edición papel

 Otra entrevista a Richard Louv . Publicada en EL País.

volver a la natur3d

 

» Hay cosas simples y efectivas. Así como apuntamos en el calendario el partido de fútbol de nuestros hijos, también podemos apuntar eventos naturales: un paseo, una excursión. Y ayuda no suponer que, como padre o madre, uno sabe todo sobre la naturaleza. A veces es mejor no saber mucho y experimentar algo por primera vez con tu hijo. Recordemos que hoy hay al menos una o dos generaciones que han tenido muy poca vida natural. El sentido de descubrimiento compartido y de maravilla es increíblemente importante.»

 

Una reseña de «Volver a la naturaleza»

 

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