Compartiendo lo aprendido: Una alianza con esperanza de futuro.

En mi periplo desde que me decidí a ser madre por la vía adoptiva, he leído libros, artículos, trabajos, tesis y tesinas, post y todo lo que en mis manos caía primero para prepararme para ese gran reto que sabía iba a ser para mí el criar y educar a un niño y aún más cuando la vida me hizo el regalo de que no fuera uno sino dos y a la vez los que íbamos a criar.
Dos niños, dos edades, dos vivencias tan diferentes a pesar de que sus destinos partieran del mismo sitio y arribaran a la misma familia. La nuestra.
Cada uno con sus cosas y los dos con sus dificultades en el cole, algunos comunes y otros originales, problemas insólitos a veces para los que tienes que prepararte, al menos para aprender a reconocer las señales.
Y son esas señales, identificables, reconocibles, coincidentes muchas veces, las que en muchas charlas con muchas otras madres nos hicieron pensar en la necesidad de describirlas y escribirlas para que pudieran ayudar a las personas que trabajasen con nuestros hijos. Además en mi caso, suelo escribir sobre lo que me voy encontrando… muchas veces escribo para volcar lo aprendido, para profundizar y reforzar la comprensión de lo oído, hablado o pensado y también para compartirlo, es esa necesidad de aprender y compartir lo aprendido que nos une a María Martín Titos y a mí en muchos de nuestros proyectos y esa es una de las razones por la que hemos escrito este libro sobre todo para los maestros y profesores comprometidos, a pesar de saber lo ocupados que están y lo desbordados, pero sabiendo también la falta que les hace que alguien les de pistas para comprender y descifrar a esos alumnos que de pronto irrumpen en sus aulas y en sus vidas con una problemática heterogénea de la que apenas tienen referencias, y para la que el sistema educativo no contempla protocolo ni actuación alguna (en palabras de Juan A. Casalilla) y que los desconciertan, porque no les entienden. Para esos docentes que quieren ir más allá de las explicaciones superficiales que acaban por encasillar a los niños (cuando algo no entendemos tendemos a encasillarlo , lo clasificamos para hacernos una idea mental que nos deje más tranquilos) a veces basta con la etiqueta de “adoptado” como si de una patología se tratara y fuera la respuesta a todas las reacciones o dificultades que atraviesan estos niños y niñas cuando cruzan en solitario por la escuela sin un timón ni más salvavidas que la ayuda (muchas veces escasa por falta de tiempo y de conocimientos ) de las/os orientadores del colegio. Unos niños o niñas que además de aprender lo que los demás niños, tienen que aprender a aprender. Y eso requiere un doble esfuerzo: sentir el placer de enseñar y conseguir que el niño/a encuentre placer en el aprendizaje.
Apelamos a esos educadores que tienen claro que cada niño o niña que pasa por sus manos es como una pieza de barro a la que puede moldear, dar forma, la suficiente para contener unas habilidades que les sigan ayudando en su difícil travesía sin perder de vista, desde luego, que a los maestros y profesores también les resulta difícil su día a día.

Nuestra pretensión al compartir lo aprendido como madres y con otras muchas madres, es la de conseguir cambiar el paradigma del niño adoptado. Contribuir a desechar prejuicios a derribar preceptos, a lograr una comprensión más profunda de la personita que tienen entre sus manos, y también de lo que le rodea, de lo que lo compone y lo descompone, transmitiendo a esos docentes, consignas que permitan desencriptarlos, conocerlos mejor, en una palabra: ayudarles.
Porque los maestros pueden ser el interruptor que active sus talentos, pueden convertirse en personas de referencia y tutores de resiliencia para nuestros hijos, ayudándolos a sentirse seguros y valorados a desarrollar y afianzar el sentido de pertenencia, pertenencia a un grupo, a una clase, al colegio.

Un valor añadido de ‘Compartiendo lo aprendido. Desechando los prejuicios sobre adopción y acogimiento’  es el respaldo de profesionales expertos en adopción de la talla de Juan Alonso Casalilla Galán (prólogo), José Luis Gonzalo Marrodán, Montse Lapastora, Iñigo Martínez de Mandojana, Marga Muñiz Aguilar y Alberto Rodríguez, quienes al colaborar introduciendo cada uno de los capítulos, demuestran que la voluntad de este libro es la de conseguir firmar una tregua con esa rutina de insostenible batalla continua y diaria, forjando una alianza entre madres y padres, psicólogos, pedagogos, educadores sociales y los docentes comprometidos con el futuro de sus alumnos, haciendo entre todos posible otro tipo de escuela.

Mercedes Moya