Consecuencias de la ocultación del origen en adopción. Juan Alonso Casalilla Galán

Abordar temáticas relacionadas con el origen de los hijos adoptivos no es fácil, somos padres “gracias” a una ruptura en origen del vínculo con los padres biológicos. 

Cuando los padres omiten o tergiversan la información acerca del origen promueven en el niño la necesidad de bloquear toda pregunta que pueda crearles conflicto con ellos. Muchas veces esta actitud, transmitida sin intención por parte de los padres, promueve un aparente desinterés. 

Los niños precisan sentirse seguros con sus padres, verificar el amor que les tienen y el cuidado que les proporcionan, por lo tanto evitan preguntar sobre situaciones que resultan incómodas o conflictivas para los padres.

Inhiben su capacidad de preguntar, su curiosidad y, de esta manera, disminuyen, bloquean o anulan su deseo de conocer. Este deseo de aprender  es el que regula la necesidad de averiguar, avanzar en lo desconocido, apropiarse y disponer de los conocimientos que constituyen un capital de gran importancia para todo ser humano.

La falta de información sobre el origen, la información falsa o la falta de respuesta a las cuestiones que plantea un niño son advertidas por los hijos como “algo que no se debe saber”, algo que no hay que incorporar a su cabeza.
Esta situación le lleva a la creencia de que saber resulta peligroso, que puede poner en peligro el amor que le tienen sus padres, y así aprende que no debe ser curioso. Y si inhibe su curiosidad, su deseo de aprender cosas nuevas, intercepta la posibilidad de incorporar experiencias y conocimientos nuevos. No pocas veces inhibiciones intelectuales que tienen su expresión en un bajo rendimiento escolar nacen de este aprendizaje “no es bueno curiosear”.

De esta manera un conflicto no resuelto de los adultos deja sus consecuencias en los hijos, y es en la escuela donde se evidencia el conflicto que los padres han provocado.

Otras formas de exteriorizar que algo en la relación entre padres e hijos no es fluida, tiene su manifestación a través de trastornos de conducta; la angustia por permanecer separados de sus padres durante algunos períodos de tiempo, como la jornada escolar;  serán a veces  formas de manifestar su inseguridad en el nuevo vínculo y el temor a que estas figuras que resultan importantes para el niño puedan desaparecer sin explicaciones, como les ha sucedido anteriormente.
Más adelante, en la adolescencia, cuando nuestro hijo busque respuesta a determinados aspectos fundamentales de la vida, quizás no nos busque como referencia si no hemos sido buenos guías para un aspecto tan fundamental como este.

Juan Alonso Casalilla Galán. Psicólogo especialista en Adopción y Acogimiento.