Estrategia para momentos de crisis: “muévelo o piérdelo”.

Todos tenemos momentos en que nos domina el cerebro inferior, cuando perdemos el control hasta el punto de decir o hacer cosas que lamentamos. En situaciones de mucho estrés, los padres cometen errores. Todos los cometemos.

Pero no olvides: las crisis que se producen cuando ejercemos de padres son oportunidades para el crecimiento y la integración. Puedes aprovechar los momentos en que sientes que pierdes el control para ofrecer un modelo de autorregulación. Hay unos ojitos que están observándote para ver cómo te tranquilizas tú. Tus acciones establecen un ejemplo de cómo “se toma una buena decisión” en un momento de emociones intensas en el que tú mismo corres el peligro de perder los papeles.
¿Qué haces, pues, cuando tomas conciencia de que tu cerebro inferior ha asumido el control y has empezado a perder los estribos?

En primer lugar, no hagas daño.

Cierra la boca para no decir algo que después lamentarás. Pon las manos detrás de la espalda para evitar toda clase de contacto físico brusco. Cuando estás en un momento en que domina cerebro inferior, protege tu hijo a toda costa.

En segundo lugar, aléjate de la situación y serénate.

No tiene nada de malo tomarse un respiro, y menos cuando eso significa proteger a tu hijo. A continuación, aunque a veces puede parecer un poco tonto, prueba la técnica de muévelo o piérdelo* . Ponte a saltar abriendo las piernas y dando palmas arriba. Prueba ejercicios de yoga. Respira despacio y profundamente. Haz lo que sea necesario para recuperar parte del control que perdiste cuando tu amígdala se adueñó de tu cerebro superior. No sólo pasarás tú mismo a un estado más integrado, sino que también ofrecerás un modelo a tus hijos mediante trucos autoreguladores rápidos que también ellos podrán utilizar.

Por último, repara.

De inmediato. Vuelve a conectar con tu hijo en cuanto te hayas calmado y aborda cualquier posible daño emocional o perjuicio causado a la relación. Para eso tal vez tengas que decir que lo perdonas, pero también es posible que debas disculparte tú y aceptar la responsabilidad de tus acciones. Este paso debe darse lo antes posible. Cuanto antes repares la conexión entre tu hijo y tú, antes podréis recuperar los dos el equilibrio emocional y volver a disfrutar de vuestra relación.

Fíngelo hasta conseguirlo

La estrategia «Muévelo o piérdelo*» también puede ser muy eficaz cuando nuestros hijos se alteran. Por ejemplo, si tu hijo en edad preescolar teme una inminente visita al dentista o su primera clase de piano, puedes decirle algo como «Enséñame la cara que pones y tu postura cuando eres valiente».Tu hijo y tú descubriréis que el simple hecho de hacerse el valiente puede crear esa emoción.
O bien si tu hijo de nueve años tiene dificultades para serenarse después de un altercado con su hermano, o se siente especialmente tenso por un examen en el colegio, puedes decirle: «Imagina que eres un fideo pesado, mojado y blando. ¿Cómo estaría tu cuerpo?» A continuación pídele que, mediante su propio cuerpo, represente esa imagen del fideo, ya sea en ei suelo, en el sofá o en cualquier sitio. La conexión cuerpo-mente asumirá el control? Y el cambio de postura cambien dará lugar a un cambio de emociones.

•Pose de valiente
•Fideo
•Cara y cuerpo enfadados
•Amplia sonrisa con expresión de emoción en el rostro

¿Parece demasiado bueno para ser cierto? Pruébalo tú mismo ahora. Adopta las siguientes poses y observa cómo afectan a tus emociones y tu estado de ánimo:

¿Qué has observado después de este ejercicio? ¿Ha cambiado tu estado ánimo? ¿Tu cuerpo se siente de una manera distinta? ¿y tu estado emocional?

Cuanto más hagas estos ejercicios, más fácil será modelar conductas nuevas en tu hijo. Y cuanto mejor sepas coma interviene el cerebro en las interacciones cotidianas, más capacitado estarás para transmitir ese conocimiento a tus hijos.

 

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*Estrategia del cerebro pleno muévelo o piérdelo: Según las investigaciones, para cuando tomamos conciencia de que estamos estresados, nuestro cuerpo ya lo sabe. La tensión en los hombros, un nudo en el estómago y el corazón acelerado son todas ellas señales físicas enviadas por el cuerpo al cerebro para indicarnos que estamos estresados. Lo mismo sucede a los niños.
Cuando animas a tu hijo que modifique su estado físico -a través del movimiento la relajación-, su cuerpo libera parte de la tensión y puede enviar información más serena al cerebro superior. En ese momento, su cuerpo y su cerebro son más capaces de volver a un estado de integración.

 

 

Este artículo junto con otros ejercicios igualmente útiles los encontrarás en el libro:  El Cerebro Del Niño. Libro de Ejercicios. Daniel J. Siegel y Tina Payne Bryson que te recomendamos en nuestra sección. Abookción

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