LAS CONSECUENCIAS DEL MALTRATO EN EL CEREBRO INFANTIL por Charo Blanco Guerrero.

A Charo Blanco tuve la oportunidad de conocerla en una esclarecedora charla-conferencia que impartió en Granada, gracias a ella muchos de los padres que asistimos a su charla aprendimos muchas cosas que nos facilitaron la comprensión de algunos de los comportamientos de nuestros hijos. En un lenguaje absolutamente cercano y con la dulzura y cercanía que la caracteriza nos adentramos de su mano en los complejos funcionamientos o disfuncionalidades del cerebro del niño que ha sufrido deprivación temprana, y con esa misma cercanía y disposición se sumó a este proyecto de divulgación que pretende ser esta web.

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Charo Blanco Guerrero.
Psicóloga. Psicoterapeuta Infantil
Centro Concilia Málaga
Especializado en familias adoptivas y trastornos de conducta

 

El hecho de nacer con un cerebro inmaduro es el precio que un bebé tiene que pagar por pertenecer a la especie humana. Es precisamente esta inmadurez la que determina la extrema dependencia de los bebés a la calidad, cantidad y permanencia de los cuidados y la protección de los adultos, en particular sus progenitores (Barudy J., Dantagnan M. 2006). Estos son totalmente necesarios para sobrevivir, crecer y desarrollarse, de tal manera que está científicamente demostrado que los diferentes tipos de malos tratos que afectan a los niños y niñas en edades tempranas, provocan alteraciones sobre la actividad y el desarrollo de las estructuras cerebrales, hasta el punto de alterar las capacidades intelectuales y psicológicas, así como los comportamientos afectivos y/o conductas de apego.
Los estudios de investigación sobre el cerebro permiten hoy día distinguir dos tipos de memoria:

jpgby psarahtonen3d· Las memorias implícitas en las que no existe recuerdo, en el sentido de una representación, pero si una memoria de las percepciones, emociones y vivencias internas, esta es la memoria más importante en las etapas primarias del desarrollo, porque el cerebro no está aun listo para operar con una memoria explícita, ni para verbalizar las experiencias.

· Las memorias explícitas corresponden a las representaciones de lo que se vive internamente o de la realidad externa. Esto se traduce por la existencia de recuerdos.

Los niños y niñas que han vivido diferentes tipos de malos tratos en su primera infancia, no poseen un recuerdo o memoria explicita de lo que les sucedió, todas sus experiencias se inscriben en formas de memorias implícitas, que corresponden mayoritariamente a sensaciones dolorosas de privación, estrés y dolor físico. Por esta razón se utiliza el término de “memorias implícitas traumáticas”. Estos recuerdos no se pueden verbalizar porque el cerebro en esas etapas de su desarrollo no puede simbolizar lo que le sucede, por lo que la experiencia se manifiesta por comportamientos o manifestaciones conductuales específicas.

funcionejecutivaLa existencia de estos dos tipos de memoria es lo que explica que determinados comportamientos puedan parecer muy extraños a los padres y madres adoptivos porque su contenido e intensidad no está en relación con un hecho real, sino con la memoria traumática “almacenada” y se manifiesta a través de la conducta. A esta podríamos llamarla memoria “conductual” y es la que se refiere a lo que el niño expresa mediante acciones y no mediante la palabra, tenemos buenos ejemplos de ello cuando los padres adoptivos relatan episodios de explosiones de rabia en sus hijos o de violencia exagerada, sin que haya existido ninguna situación previa que lo origine. Por el contrario a veces presentan conductas de aislamiento o de desconexión de su entorno, situaciones éstas que desconciertan a los padres ya que en sus propias palabras no hay nada que puedan hacer para que el niño sienta interés por lo que le rodea. Todo ello está relacionado con vivencias del pasado y estas conductas son una respuesta ante determinadas situaciones, que les hace conectar con esas experiencias negativas o traumáticas.

La experiencia profesional con niños adoptados, nos hace comprobar como en muchos casos existen deficiencias a la hora de reconocer, manejar y discriminar las emociones. Esto ocurre porque sus experiencias relacionales tempranas les provocaron diferentes grados de sufrimiento y dolor, sus vivencias prevalentes son el miedo y la desconfianza. Esto explica que frente a los estímulos relacionales actuales, pueden reaccionar estereotipadamente con agresividad o en el caso contrario con temor. Diferentes investigaciones han mostrado una mayor excitabilidad de la amígdala en estos niños, que es la región del sistema límbico en donde se percibe el miedo y las amenazas y se dispara la agresividad.

Por eso en el trabajo terapéutico con estos niños es importante y muy útil hablarles de las “alarmas” que hacen referencia a esas situaciones en las que no pueden controlar sus impulsos. De esta manera aprenden a identificar sus emociones y a autorregularlas.

Las consecuencias de los traumas tempranos en la organización del cerebro infantil son imprecisas, éstos pueden alterar el funcionamiento de la mente y en particular las conductas de apego de los menores, con los adultos significativos y en general con su entorno.

La neurociencia ha demostrado que la organización y el funcionamiento del cerebro humano dependen no solo del mapa genético de cada sujeto, sino también, de sus interacciones con el entorno familiar y social en que le toca vivir (Siegel D. 2007). Por tanto, los contextos donde los niños viven y se desarrollan, son determinantes para el funcionamiento de sus mentes. Cuando a los bebés humanos no se les alimenta adecuadamente, no se les acaricia, no se comunica con ellos y no se les estimula, los sistemas cerebrales responsables de la experiencia placentera de la vinculación afectiva dejan de funcionar. La consecuencia de esto, a corto plazo, son niños y niñas que sufren intensamente y cuyo dolor se les almacena en el cerebro emocional al que nos hemos referido. Estas memorias organizan sus comportamientos, sobre todos aquellos que tienen que ver con la relación con los demás.

FUNCIÓN EJECUTIVA

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Las funciones ejecutivas (FE) son un conjunto de habilidades cognitivas que permiten el establecimiento del pensamiento estructurado, planificar y ejecutar en función de objetivos planteados, anticipar y establecer metas, el seguimiento rutinario de horarios a través del diseño de planes y programas que orienten el inicio, desarrollo y cierre de actividades académicas, el desarrollo del pensamiento abstracto y operaciones mentales, la autorregulación de las tareas y su organización en el tiempo y en el espacio. Estas tareas se corresponden con un desarrollo óptimo de los lóbulos prefrontales.

Estas funciones comienzan a desarrollarse en el primer año de vida y continúan desarrollándose hasta la adolescencia. El periodo de mayor desarrollo de la función ejecutiva ocurre entre los seis y los ocho años, aunque el desarrollo completo de esta función se consigue alrededor de los 16 años.

Las funciones ejecutivas permiten guiar nuestras acciones más por las instrucciones que nos damos a nosotros mismos que por las influencias externas ( autorregulación). A todas estas funciones se les puede llamar “director de orquesta” del cerebro.
En los niños víctimas de malos tratos, procesos traumáticos o institucionalizaciones prolongadas, la ausencia o deficiencia en la función ejecutiva se observa con bastante frecuencia, siendo ésta la causa principal de problemas de aprendizaje (bajo rendimiento escolar) y también de las dificultades que presentan en la interacción social con otros niños, así como en la convivencia familiar.

Los principales indicadores de dificultad en la función ejecutiva son los siguientes :

– Falta de inhibición en el inicio de la acción, el niño es incapaz de posponer una acción aunque se le pida.

– Imposibilidad de postergar el logro del placer, lo que quiere lo quiere ya y seguirá insistiendo hasta conseguirlo

– Mantener la atención y la motivación

– Tener una clara noción del tiempo para hacer una tarea

– Hacer planes o trazarse metas

– Organizarse para hacer una actividad o un deber escolar

– Acordarse de fechas de exámenes, tareas u otras obligaciones

– Priorizar por objetivos sin quedarse ocupado en algo banal o superficial

– Tener un pensamiento flexible para solucionar problemas

– Auto-regularse y auto-monitorearse en relación al rendimiento o productividad escolar (planificar, realizar)

– Terminar lo que empieza

– Desarrollar una tarea en el tiempo asignado

– Modular sus emociones y frustraciones cuando algo no le sale bien

Para que un niño sea capaz de desarrollar estas funciones debería ser capaz de:

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– Desarrollar un lenguaje interno

– Prestar atención un tiempo prolongado y acorde a su edad-

– Memorizar

– Auto-regularse emocionalmente y estar motivado( identificar sus propias emociones y manifestarlas)

 

Lo más característico en el déficit en la Función Ejecutiva son:

· Las conductas impulsivas

· La falta de control en la acción

· Las dificultades para aceptar y cumplir normas y límites

 

Sobre Charo Blanco Guerrero

Tras licenciarse en Psicología, dirigió su formación y experiencia profesional hacia la intervención con familias y menores, adoptados o no, que estuvieran en situación de conflicto.

Descubrió el mundo de la adopción en el año 1999 y siguió ampliando sus conocimientos en el área de familia e infancia cursando la formación de Experto Universitario en Mediación y Orientación Familiar.

Empezó a interesarse especialmente en la atención a niños y adolescentes con trastornos de la vinculación afectiva, ya que tuvo la oportunidad de conocer de cerca el daño emocional en ellos, como secuela de situaciones de carencia y/o conflictos familiares.

Por lo que decidió especializarse en esta área en Barcelona, en el Instituto de Formación e Investigación-Acción sobre las consecuencias de la Violencia y la Promoción de la Resiliencia (IFIVF) obteniendo el Diplomado de Formación Especializada en psicoterapia infantil sistémica para psicoterapeutas infantiles, desarrollando el “Método de psicoterapia de niños y niñas afectados por traumas, trastornos del apego y del desarrollo, como consecuencia de malos tratos, exposición a violencia conyugal, agresiones sexuales, separaciones conflictivas, abandono y malos tratos antes de la adopción”. Impartido por los profesionales expertos en la intervención con niños: Jorge Barudy Labrín (Neuropsiquiatra infantil y terapeuta familiar) y Maryorie Dantagnan Dantagnan (Licenciada en Psicología y Pedagogía y Psicoterapeuta infantil).

Dirige el Centro Concilia ,Centro especializado en psicoterapia basada en la teoría del apego y la vinculación afectiva con personas significativas.

One Comment

  1. avatar
    alicia
    21 Noviembre, 2014 at 7:53 pm Responder

    Excelente!!! Como padres debemos formarnos más para tener herramientas que nos ayuden en la mejor formación de nuestros hijos.

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