Lobo hombre en París. Por Iñigo Martínez de Mandojana

“Cae la noche y amanece en París
En el día en que todo ocurrió
Como un sueño de loco sin fin
La fortuna se ha reído de ti”
La UNIÓN.

Sí, LOBO hombre. No hombre lobo.

Imagino que en más de una ocasión habrás cantado, bailado y sentido el tema de La Unión en algún bar, sin saber que en realidad está basado en la obra de Boris Vian “Los perros, el deseo y la muerte” un cuento muy de moda por los 80 que llegó a sus manos y que musicalizaron. El cuento narra la historia de un lobo llamado Dennis que anhela con ansia ser hombre. No quiere comerse al hombre, sólo sueña en poder ser uno de ellos. Dennis, el lobo, cada noche de luna llena sigue a las parejas por los lugares recónditos de París para espiarlos, ver cómo se besan, se abrazan y consuman su amor. Sin embargo, una noche es visto por un mago (el Mago del Siam) mientras seducía a una chica. Éste, al verse sorprendido huyó, pero el mago le alcanza y le muerde.

Ese mordisco le transforma, condenándole a que cada noche de luna llena se convierta en hombre. Lo que siempre había querido ser. De esta manera, una noche decide cautivar a una dama, pero elige la equivocada. Después de frecuentar varios bares acuden a un restaurante y tras salir la dama le pide los honorarios por estar con ella. Dennis se niega y trata de marcharse pero “tres amigos” le dan una paliza. Malherido abandona la ciudad mientras va recuperando su forma de lobo de nuevo. Ahora se da cuenta que es un lobo con problemas de humano. Que todo lo que soñaba y anhelaba era eso, anhelos. La peor esencia humana, corre ahora por sus venas.

Esta historia esconde la esencia de las relaciones de muchos chicos y chicas que quieren ser hombres pero su esencia es de lobo. Es decir, su historia les ha dejado una manera de entender y de concebir la vida de manera muy diferente a los demás. Somos conocedores de cómo el trauma, el abandono, la negligencia afecta al desarrollo madurativo del bebé, niño y adolescente y va a marcar su devenir en el día a día. El gran error que como padres, madres y profesionales solemos cometer de manera inconsciente es la de pensar que son capaces de establecer relaciones como un niño o niña que ha tenido un desarrollo normotípico. Me encanta la frase de la película Joker cuando dice “lo peor de ser un enfermo mental es que todo el mundo quiere que actúes como si no lo fueras”. Así pues, la manera que estos chicos y chicas tienen de interactuar con el mundo responde a unos patrones muy diferentes a los nuestros y sólo cuando incorporamos esta idea a nuestra manera de estar y de ser con ellos y ellas podremos ofrecerles experiencias de sintonización y comprensión. En definitiva, es la esencia de lo que hemos escuchado y leído de Siegel; sentirse sentido.

En el anterior post os hablé de la confianza epistémica (sintigo) un concepto que es fundamental para entender cómo funcionan los patrones de confianza de los chicos y chicas. Seguramente lo habrás visto (yo habitualmente). Por ejemplo, cuando en un encuentro de 50 niños o más llevo a chavales a los que acompaño (desprotección moderada), entre los 50 son capaces de encontrar casi sin hablar chicos y chicas con el mismo perfil y acaban juntándose. Lo mismo cuando vamos por la calle o a un partido de basket. Fonagy nos habla de señales ostensibles, unas señales no verbales que detectamos en los otros y que nos dan información de que esas personas son de confianza. Así pues, se buscan, conectan, se encuentran, y por muchos esfuerzos que hagas tú para que no ocurra no puedes poner límites al mar.

La adolescencia además, es un periodo en el que el cerebro está en obras y funciona un poco “regu”. Por un lado empieza a capacitarse para realizar funciones que antes no podía, pero a su vez esa nueva reorganización hace que falle constantemente. Necesitan encontrar nuevos modelos diferentes a sus cuidadores y los van a buscar dentro de sus iguales. Esa necesidad unida a la búsqueda de nuevas experiencias y de riesgos hacen que se fijen en los malotes, en el macarra de ceñido pantalón que cantaba Sabina. Sin embargo, la herencia epistémica unida a su sistema interno de trabajo hacen que cuando recuperen la estabilidad la busquen en otros modelos más acordes con el patronaje de sus figuras de apego primarias. Estoy seguro de que todos y todas hemos coqueteado con ese perfil de chaval o chavala que seducía desde el riesgo. El problema es que los chicos y chicas de los que hablamos en esta web se quedan con esos modelos de identificación porque son con los que se sienten medianamente conectados. Y esas relaciones de riesgo les llevan a situaciones de peligro con sus respectivas consecuencias. Peleas, robos, accidentes, relaciones de riesgo… Muchos de vosotros y vosotras, padres y madres adoptivas y acogedoras, lo sabéis. Habéis cambiado de colegio, de ciudad, de comunidad pero han seguido teniendo el mismo tipo de relaciones. “Dios los cría y ellos se buscan”.

Así pues, tenemos a chicos y chicas que desean y anhelan tener relaciones sanas y ser como Denis, un humano enamorado de una chica con la que construir una vida. Sin embargo, no pueden renunciar a su pasado, a su dolor a sus estrategias de supervivencia que en aquél entonces le valieron pero ahora no. Y se meten en líos sin querer, como Denis con la prostituta.

Rafa es un chico que conocí cuando trabajaba en educación de calle y que era más callejero que uno que era mucho. Siempre vi en él algo especial que sabía que cuando lo activara triunfaría en la vida. Sin embargo es muy difícil hacerlo cuando estás un martes a las 12 de la noche en el barrio, compartiendo conversación y porros con otros chicos y chicas. No sé qué sucedió que acabó sacándose un grado medio, imagino con mucho esfuerzo, no tanto académico sino de energía intrapersonal para poder levantarse, madrugar, ir todos los días, decir que no a los porros… Y a los 10 días de sacarse el título tenía una oferta de trabajo en un polígono industrial. Todo pintaba bien, porque era un puesto en el que iba a estar fijo si pasaba el periodo de prueba. Primer día de trabajo; se da cuenta de que para ir allí no tiene autobús y tiene que coger el coche de su padre sin carnet. Le paran, todo el lío y no puede ir trabajar. Llama para contar lo sucedido y miente diciendo que está malo. Parece ser que Marte se alinea con Andrómeda y la luna y le dan otra oportunidad. Cuando llega al puesto de trabajo su compañero es otro chico del barrio de al lado con el que se ha pegado varias veces. Lo demás os lo podéis imaginar.

Alguno de vosotros y vosotras me dirá, bien ya sabemos el por qué y el para qué, pero ahora ¿cómo conseguimos que evite esas relaciones? Os estaría engañando si os dijera cómo, porque no lo sé. Las mejores personas y profesionales para poder saberlo sois vosotros y vosotras que conocéis a esos chicos y chicas, así como ellos mismos. Cada uno es un mundo y una historia. Sin embargo, si os puedo decir que en la medida que se sientan comprendidos y no presionados a ser lo que no son, estarán más cerca de poder experimentar otro tipo de seguridad y de relación.

Cada vez estoy más convencido que lo mismo que les hace daño es lo que les sana: las relaciones. Por eso es tan necesario ofrecerles lo antes posible un contexto relacional y afectivo ajustado a su nivel de desarrollo y de posibilidades.

Iñigo Martínez de Mandojana tiene otros artículos de interés en esta web. Te invitamos a leerlos. Merece mucho la pena. PINCHA AQUÍ

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