¿Niños MAYORES….MAYORES riesgos? José María Ballarín.

ser padres por adopciónLas familias que ya tienen hijos biológicos son mucho más propensas a adoptar niños mayores.. ¿Por qué? Porque en su caso, padres ya lo son (miedo tuvieron) y solo les queda enfrentar el hecho adoptivo como desconocido. Las que tienen hijos adoptados todavía son más animosas y menos reticentes ante el reto.
¿Por qué?
Porque ya han vivido ambas cosas y no tienen miedo a repetir.
No les habrá ido tan mal…
Pero más en serio: porque solucionados sus miedos a hacerlo mal, rebajadas sus expectativas de “recrearse en los hijos” en vez de ayudar porque se les ama…; ya no es, en modo alguno, la edad del niño lo que les preocupa como prioridad.
La conclusión global sería que quienes han resuelto sus problemas y temores a lo desconocido como padres y como adoptantes son proclives a esta forma de adopción y su corolario: no depositemos nuestros miedos, angustias y desconocimientos, en la edad del niño.

  1. Preparémonos, estudiemos temas reales y no confidencias o anécdotas subjetivas de otros (donde siempre toman y tomamos la peor), conozcamos abundantemente casos, busquemos a priori quiénes nos ayudarán si surgen problemas (que siempre surgen) y depositemos nuestra confianza en ellos, solo si la merecen.
  2. Ellos vienen con una historia, una historia que no nos pertenece, que puede sernos extraña. Una historia buena o mala o regular. No una falta de historia sino “una historia por dónde empezar” que ellos mismos nos van a contar, poco a poco. Y con detalle, si somos pacientes y afectuosos de corazón.
  3. Ser padre es un desafío maravilloso. Ser padre adoptante lo es más. Ser padre adoptante de hijos mayores (coger ahí el tren de su historia como polizones primero, para llegar con el tiempo a maquinistas, habiendo pasado por todo el escalafón) es una experiencia inolvidable, envidiable; para espíritus, selectos. ¿Difícil?: SI.
  4. La manía de los futuros padres por aproximarse a paternidades biológicas es una auténtica entelequia, pero de la que cabe comprender que no han superado su frustración; porque la paternidad adoptiva no es un “remedio” sino una opción de primera línea: tan buena o mejor que la biológica. Las familias biológicas no son mejores ni peores, no son más ni menos, ni siquiera menos conflictivas. Son igualmente, mitad lotería mitad suma de muchos factores.
    Así las cosas que empeño en que ¡Ya que no son biológicos, que sean pequeños! ¿Para hacernos la ilusión del “como sí…”? Es innecesaria; muchos niños adoptivos y mayores han dado finalmente mayores gratificaciones y felicidad a los padres que muchos biológicos.

temas adopción5. Nombremos algunos temas de mayor importancia real y sobre todo de mayor importancia en cualquier caso de adopción:
LA DESIGNACION:
LA HISTORIA PREVIA.
EL CONOCIMIENTO DE LA MISMA.
EL DESEO CONSCIENTE DEL NIÑO MAYOR DE SER ADOPTADO.
QUE TIPO DE “APEGO” HA REALIZADO EL NIÑO DE CUALQUIER EDAD.
LA PREPARACION DE LOS PADRES (No se hace un puente sin más ni más).

En realidad, sensatamente, nos enfrentamos en la adopción a un ENIGMA del que la edad del niño es el factor más facilón para invocar como predictor; pero, ni mucho menos el más importante.

6.La incertidumbre es como una avispa para el ser humano. Debe terminar con ella; no la soporta. Debe hacerlo “cuanto antes” y “como sea”. Es de aquí, de esta velocidad en la respuesta-solución, y de éste lo que sea pero que calme, de dónde parten gran cantidad de nuestras “falsas certezas” que acumulamos neciamente, por mor de nuestra tranquilidad o equilibrio (ambos bien precarios).

Hay otra forma de hacer, más lenta, más complicada; pero más segura de hacerse idea de las cosas. Esta tiene que ver con la abeja. Lenta, metódica, pacientemente, controlando sus miedos, templando sus nervios, incorporando cada ruido, cada olor, cada nuevo conocimiento (sin miedo y rechazo, sino con curiosidad y aprendizaje); llegan a considerar como pequeña variable a tener en cuenta el rumor de la hierba. Pero, todo tiene un pero: las abejas no tienen certezas, no pueden descansar en la inconsciencia ni en la inconsistencia: viven con las dudas razonables. Viven en las dudas razonables.

Falsas certezas o dudas razonables es un item o capítulo vital en su elección para muchas cosas de la vida; además de permitir mantener a raya los prejuicios.
Concretamente en Adopción elegir entre falsas certezas y dudas razonables: es vital. La clave de la adopción de niños mayores bien pudiera no estar en la falsa certeza del “más pequeño más fácil y mejor”, sino en la duda razonable que nos inducen: su Historia y nuestro trato y manejo de la misma, nuestro conocimiento, nuestra preparación, nuestros apoyos.

Peligroso en adopción es: no conocer la Hª del niño; y lo es igualmente con mayores que con menores. ¡Conozcamos su historia, y veamos si sí o si no!

7.A menudo los niños algo más mayores parecen “socializados” cuando lo que están es mayormente “adiestrados”. Desde las reglas de la Institución, saben lo que tienen que hacer ”y lo hacen”, lo que a veces confundimos con educación, madurez o conocimiento. No, el niño institucionalizado hace cosas porque no le queda otro remedio, porque sabe lo que tiene que hacer para poder comer o ser atendido.
Cuando lleva algún tiempo con nosotros y en un hogar, empieza a hacer lo que él quiere; y nosotros tomamos por problema, desvinculación o fracaso (pánico) lo que en realidad es un auténtico éxito. Por fin es él, y puede serlo con nosotros. Ya no forma parte simplemente de un grupo, empieza a ser un individuo: él.

Dóciles, hostiles o distantes, son generalmente, presentaciones o actitudes de los niños, que están destinadas con nuestra participación, a cambiar gradualmente a mejor.

8.Con frecuencia niños de entre 6 meses y 6 años estuvieron en orfanatos, aislados en su primer año: en su cuna. Y a pesar de haber estado muy limpios y bien alimentados no han tenido la posibilidad de establecer relación individual mínima con una cuidadora.
Otros niños de más de seis años han sufrido penalidades y calamidades múltiples, pero sin embargo tuvieron un desarrollo relacional y emocional adecuado en esa 1ª edad: sea con su madre o con un “cuidador primario constante”.

¿Qué es pues más importante? ¿Si un niño tiene 4 u 8 años, o su primer año de vida?

huellas dos historiasEs claro que todo nos remite, una y otra vez, a la historia completa de cada niño y, si no la conocemos a fondo, las previsiones de futuro que hagamos carecen de verdadero sentido, y están mayoritariamente dictadas por nuestras propias angustias o temores y/o destinadas a calmarlas. ¡Conozcamos su historia, y veamos si sí o si no!

9.El niño ha empezado su camino en la vida mucho antes del momento en que llega a la familia adoptiva. Lleva consigo una serie de vivencias desde su nacimiento hasta “el momento”.
Tiene una historia propia. No nace ahora. Este es el hecho a aceptar o no. A desear o no. A enfrentar o no.

10.Un animal adulto, con frecuencia, ayuda a un animal pequeño en apuros, si cree poder hacerlo. El humano es más temeroso. Teme que el pequeño tenga su historia. Que sea ya “otro” que él, que le pudiera plantar cara. Esto se entiende. No es una crítica. Aunque algunos preferimos enamorarnos de alguien que es él mismo, que tiene su historia, su personalidad propia. No nos es imprescindible (hace falta) o no nos hace ilusión (no sé bien cual) alguien “que sea nuestro”. Los humanos contamos con una dimensión espiritual-inteligente-consciente, que debería habernos hecho superar o al menos relativizar nuestro miedo al futuro. Futuro en el que, ingenuamente, creemos tener algunas seguridades o buenas chances, que no deben ponerse en riesgo; cuando la verdad es muy otra: no tenemos ni idea de nuestro futuro ni de las “seguridades” que comporte. Y no tendría nada de particular que la adopción de un niño de 9 años, terminase siendo, en nuestra vida, algo que le ha imprimido un cambio muy positivo y necesario o incluso algo que, paradójicamente, nos la ha salvado.

11.Si no podemos aceptar la nueva realidad de que ahora quienes necesitan nuestra ayuda y necesitan familia son niños más mayores que antes….Debemos interrogarnos sobre si lo que veníamos haciendo no era un simple trato, intercambio, negocio conveniente para los padres.

Si aceptamos que hay dificultades mayores o menores (distintas) con niños de distinta edad, entonces sí: hay mucho de que hablar.
¿Mayores dificultades?: NO. Ya hemos explicado como niños pequeños han resultado más conflictivos y difíciles que otros mucho mayores.
¿Distintas dificultades?: SI.
Los padres tienen que trabajarlas. Tienen que capacitarse . Tienen que hacer frente a las verdaderas dificultades sin ahorrarse nada ¿Están dispuestos?
YO LES AYUDO. Y USTEDES ME AYUDAN A AYUDARLES.

 

imaginar un hijoJosé María Ballarín. Es médico y padre por adopción de dos niñas que hoy tienen 17 y 18 años. Cuando le llamé para consultarle sobre este tema no dudó en ofrecerme su ayuda entusiasta y en el trascurso de conversaciones sucesivas, me contó su visión del tema con una de las analogías más acertada y bonita que he oído de la adopción de niños mayores.
Ya hicimos una entrada sobre ello pero  no quiero dejar pasar la ocasión de comentarlo. Me explicó que convertirse en padres, la manera de hacerlo, es comparable en la naturaleza a las distintas maneras de cultivar las plantas. Así, por ejemplo la similitud de la siembra con semillas es obvia, y concierne a la forma biológica de engendrar un hijo, la plantación tiene su paralelismo con los distintos tipos de reproducción asistida y la adopción –me dijo-, es más parecida a trasplantar un arbolito de un lugar donde hubiera nacido o crecido a otro en el que hay que tener muy en cuenta donde lo vas a trasplantar de nuevo, preparar la tierra y observar muy bien sus necesidades para que el arbolito pueda adaptarse al nuevo entorno, para que el niño pueda hacerlo en la nueva familia. No necesitará las mismas condiciones un olivo, una palmera o un sauce llorón. Y –añadió-siguiendo con el tema que nos ocupa, la adopción de un niño “grande” en esta analogía sería como un injerto, coger una rama de un árbol con sus características y, preparando cuidadosamente para recibirlo al árbol que lo va a albergar, cuidar esa unión, atenderla y mimarla para que acaben siendo uno. Algo que es posible incluso en árboles de frutos bien distintos.