Parentalidad positiva. La comunicación asertiva como herramienta útil.

La parentalidad positiva se basa en tres condiciones: conocer, proteger y dialogar.

• Conocer y entender a los niños y las niñas: cómo sienten, piensan y reaccionan según su etapa de desarrollo.

• Ofrecer seguridad y estabilidad: los niños y las niñas tienen que confiar en sus padres y madres, sentirse protegidos y guiados.

• Optar por la resolución de los problemas de manera positiva: sin recurrir a castigos físicos y humillantes.

Usa la comunicación asertiva como herramienta útil.

• Haz que tus mensajes sean claros para tu hijo o hija.

• Asegúrate de que el niño pone atención cuando le estás hablando: agáchate o siéntate a su lado para quedarte al nivel de sus ojos y mírale directamente. Puedes pedirle que repita lo que le has explicado.

• Habla con voz firme, tranquila y clara. Intenta no levantar la voz ni amenazar, esto le pondrá nervioso y desviará su atención de lo que estás diciendo.

• No sirve de nada establecer luchas de poder. Las frases “aquí mando yo“, “porque lo digo yo” o “se hace lo que yo diga, y punto”, no son eficaces y educan desde la imposición y lo que realmente transmiten es: “tengo la razón porque tengo poder sobre ti, no porque tenga argumentos o buenas razones”. Si al niño o niña le explicas antes de que incumpla la norma la razón por la que debe respetarla y por qué se le sancionará si no lo hace, lo entenderá. Aunque no le guste, será más fácil que lo acepte.

• Intenta evitar el uso de expresiones negativas. Cambia el “no toques eso” o “no hagas eso” por “toma, juega con esto otro” o “¿por qué no haces esta otra cosa?”. Ofrece alternativas, no todo puede estar prohibido.

• Procura que tu expresión facial sea acorde con el estado que quieres expresar. Si estás orgullosa, sonríele. Si tienes que sancionarle, pon expresión facial seria pero no de enfado, ni amenazante (manos en la cintura, cara del mal genio, subir los ojos en gesto de desesperación). Entenderá que le estás diciendo algo importante, pero no se pondrá a la defensiva.

• Practica la escucha activa. Muestra todos los días interés por tu hijo o hija. Dedícale un tiempo, deja de hacer lo que tengas entre manos para escucharle. Mírale a los ojos. Antes de castigar o regañarle, pregunta qué ocurrió y escucha con atención. Déjale hablar y explicarse. Puedes preguntar de distintas maneras lo que has entendido para asegurarte de que no ha habido un malentendido en la comunicación. ¡Respetar el turno de palabra es fundamental!

• Evita los reproches. Frases como “me pones de los nervios, no te soporto”, “trabajo todo el día, me sacrifico por ti y me lo pagas de esta manera” crean malestar y no producen el efecto deseado: no le ayuda a ponerse en tu lugar, solo a sentirse rechazado y culpable. Tú eres el que controla tus emociones, no el niño o la niña. Es mejor decir “me enfada o me disgusta mucho que hagas esto”, “no entiendo por qué te portas así, explícamelo”.

• No pongas sanciones o intervengas en un conflicto cuando estés cansado o furioso. Puede llevar a tomar decisiones erróneas y poco efectivas. Si te sientes desbordado, sal de la habitación, cuenta desde 30 para atrás, practica la respiración abdominal, trata de calmarte. Después, con las ideas más claras, habla con tu hijo o hija y expresa tu malestar. Nunca amenaces con pegarle,
ridiculizarle o le humilles delante de otras personas.

• Reconoce sus valores y actitudes positivas. Felicítale por sus méritos y logros, sobre todo por aquellos que le cuestan más, aunque el progreso sea pequeño. Explica exactamente por qué estás feliz por su comportamiento: “Has sido muy amable con tu hermano, le has ayudado a recoger la mesa sin que te lo pidiese, estoy muy contento” o “has sido muy generoso compartiendo tus juguetes con ese niño, eso me gusta”.

• Si te das cuenta de que has cometido un error, discúlpate. Es el mejor ejemplo para que tus hijos e hijas asuman que equivocarse y reconocer los propios errores es muestra de franqueza y valentía, y no de debilidad.

• Demuestra el afecto abiertamente. Dedica tiempo a hablar con él o ella sobre los asuntos que le preocupan y le hacen feliz, sus amigos o el colegio. Demuestra orgullo con abrazos, besos, gestos cariñosos y cómplices. Tu hijo o hija necesita que el afecto se demuestre abiertamente, no da por hecho que le quieres. Si es pequeño, juega con él o ella. Usa tu sentido del humor, pero jamás te burles de sus miedos o les quites importancia.

¿QUIÉN TE QUIERE A TI? GUÍA PARA PADRES Y MADRES: CÓMO EDUCAR EN POSITIVO (ir al enlace para conocer y descargar la guía)

Elaboración:
Romina González. Yolanda Román
Ilustraciones:
© Raúl Fernández
Diseño y maquetación:
Óscar Naranjo Galván
Edita:
SAVE THE CHILDREN ESPAÑA
Colabora:
MINISTERIO DE SANIDAD SERVICIOS SOCIALES E IGUALDAD