Qué necesita un ser humano para desarrollarse de manera adecuada. Sandra Baita

El desarrollo de un apego seguro permite la construcción de un esquema interno en el cual la representación mental de sí mismo, de la  interacción con los otros y del mundo, se tornan predecibles. No es que los apegos inseguros no lo sean. La diferencia radica en qué es lo que predice cada esquema interno (o modelo interno de trabajo, en lenguaje de la teoría de apego) En el apego seguro el niño aprende que puede apoyarse en otros, y cuando va creciendo puede constituirse a la vez en una fuente confiable y predecible de apoyo para otros. El apego seguro posibilita el desarrollo de autonomía, un funcionamiento social, emocional y cognitivo armónico, y es un facilitador de la resiliencia ante la adversidad.

Siegel (2003) Destaca cinco elementos esenciales para desarrollar un apego seguro:

  1. Una comunicación contingente. En la medida en que el adulto puede percibir las señales del niño, darles un significadas en términos de lo que tales señales significan para el niño y responder de manera efectiva, se facilita una interacción que Siegel denomina colaborativa. El niño responde a su vez a la respuesta del adulto y de esa forma un circuito de comunicación se va estableciendo. En esa comunicación intervendrán siempre, pero en especial durante los dos primeros años de vida, la mirada, el tono de voz, los gestos, la postura del cuerpo, la expresión del rostro, el momento y la intensidad de la respuesta.
  2. Un diálogo reflexivo. En la medida en que los padres focalizan no solo en eventos observables, sino también en la discusión sobre procesos mentales subjetivos tales como las emociones, los pensamientos, las sensaciones y percepciones, los recuerdos, las actitudes, las creencias y las intenciones, le ofrecen al niño una oportunidad para el desarrollo de lo que él llama”mindsight” o “visión de la mente”. (Siegel, 2011). El mindsight puede ser entendido como un hilo invisible que nos permite percibir y conectar con la experiencia interna de los otros, a partir de la percepción y la conexión con la propia experiencia.
  3. Una reparación. Una comunicación contingente permanente es ideal, pero muchas veces puede fallar. La necesidad de un momento de soledad, el cansancio, un momento de enojo o mucha tensión, o la necesaria puesta de límites a los hijos, pueden generar una ruptura de esa comunicación acompasada y en sintonía. Pero si a esa ruptura le sigue una reparación, la comunicación puede retomarse y continuar. La reparación implica un reconocimiento de la desconexión, y es a la vez una invitación a la reconexión.
  4. Una comunicación emocional, que le permita al niño compartir y amplificar las emociones positivas, tanto como compartir y calmar las emociones negativas, de manera tal que pueda ir aprendiendo que el mundo emocional interno puede ser tolerable, en la medida que va adquiriendo capacidades de auto regulación.
  5. Unas narrativas coherentes. En este sentido Siegel enfatiza la necesidad de que los adultos puedan darle un sentido a sus propias experiencias tempranas para poder, a su vez, facilitar el acompasamiento de las experiencias tempranas de sus hijos.

Recapitulando entonces, podemos decir que la cualidad de esa interacción primaria tiene un rol fundamental en la construcción de una respuesta al estrés adecuada y flexible, que permita el desarrollo de habilidades de auto regulación. Si bien desde el principio el bebé depende de la interacción con su figura de apego para lograr esta regulación (regulación interpersonal), a medida que va creciendo va aprendiendo también modalidades básicas de auto regulación o regulación intrapersonal (por ejemplo chuparse el dedo para dormirse, acariciarse con un trapito en la cara cuando se siente solo en su cuna). Una figura de apego que responde de manera consistente y sincronizada a las necesidades del infante, permitirá un desarrollo que a la larga facilite al niño -y luego al adulto en el cual se convertirá- poder cambiar del modo de regulación interpersonal al intrapersonal, de acuerdo a las exigencias de la situación. Un adecuado balance entre ambos modos de regulación habla de un desarrollo emocional saludable, lo cual a su vez se constituye en pilar de la salud mental. (Schore, 2001).

La cualidad segura y predecible de esa interacción primaria permite crear una expectativa positiva acerca de las relaciones interpersonales, motivándonos a buscar compañía y ayuda –cuando es necesario- en los otros. Permite la creación de una visión de nosotros mismos como seres merecedores del cuidado y la atención de los otros cuando lo necesitamos. Proporciona una base emocional fuerte que nos provee cimientos sólidos para una modulación flexible y efectiva de nuestra tensión, el control de nuestros impulsos, y las múltiples y a veces complejas adaptaciones que nos requiere el entorno en el cual vivimos. Y nos da la capacidad de aprender las reglas de la reciprocidad y a desarrollar y mantener un contacto empático con los otros.

Todo esto es aquello que los pequeños seres humanos deben lograr en la interacción con los seres humanos adultos de los que dependen. Nada más. Nada menos.

 

Sandra Baíta.ROMPECABEZAS .Una guía introductoria al trauma y la disociación en la infancia.

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