Solos caemos, juntos ganamos. Belén Ruiz de Miguel

Hace unas semanas tuvimos la gran oportunidad de asistir a las I Jornadas Nacionales de Familias adoptivas, organizadas por la Adopción desde dentro (María Martín Titos y Mercedes Moya) y Aldeas Infantiles S.O.S (José Manuel Morell). Tuvimos el placer de participar como una de las Asociaciones colaboradoras.
Fue una experiencia maravillosa que superó con creces nuestras expectativas. En primer lugar, por la extraordinaria organización atendiendo y cuidando hasta el más mínimo detalle y haciéndonos sentir como en casa a todos los participantes.
En segundo lugar, por brindarnos la oportunidad de seguir enriqueciéndonos de los conocimientos y profesionalidad de algunos de los grandes referentes en España en adopción.
Y, en tercer lugar, por esos sencillos pero tan gratificantes momentos en los que compartimos con personas adoptadas, con sus familias, con profesionales, y asociaciones conversaciones, experiencias y opiniones desayunando, comiendo, tomando café, en los trayectos en coche o autobús o con risas y juegos compartidos con los más pequeños.
En esos pequeños pero especiales instantes tuvimos la oportunidad de conocer a personas maravillosas unidas por un mismo interés: la adopción.
Momentos en los que esos niños, adolescentes y adultos adoptados eran el centro de atención. Momentos en los que las familias reunidas mostraban su interés por ser mejores padres de sus hijos adoptivos aprendiendo y entendiendo sobre sus necesidades. Momentos en los que ningún niño adoptado ni ninguna familia se sentían observados ni tenían que dar explicaciones a nadie sobre su parentesco, raza, condición social o situación de salud.

Momentos en los que personas adoptadas adolescentes y adultas actuaban como espejo de referencia para otros niños y adolescentes que allí se encontraban y transmitiendo palabras de esperanza a los padres con sus vivencias, aligerando sus mochilas de preocupaciones e incertidumbres (como nos trasladó la gran María Martín Titos).
Momentos especiales compartidos con familias que abrieron su corazón para transmitirnos (algunas veces entre lágrimas) las dificultades por las que están pasando ante una situación complicada de sobrellevar en el día a día; otros con dificultades en la salud de sus hijos y, la gran mayoría, compartiendo las complicaciones, trabas y escasez de apoyos que sus hijos encuentran en las escuelas…
Momentos compartidos con grandes profesionales y asociaciones que trabajan diariamente y se forman continuamente para ser más eficaces en su labor.
Estas Jornadas han podido otorgar el merecido protagonismo que las personas adoptadas merecen. Ha sido “su espacio y su momento” como tenía que ser.Han supuesto un gran impulso para muchos.
He de confesar que a mí particularmente me han permitido aligerar la carga de mi “mochila” como profesional de valoraciones de idoneidad que durante muchos años he cargado. “La cara oscura de las adopciones” como algunos llaman. Siempre se piensa la difícil posición en la que se encuentran las familias que son valoradas, cuyo sentimiento comprendo.
Pero también los profesionales que tomamos esas decisiones nos encontramos en una muy difícil posición, pues nos enfrentamos a decisiones nada fáciles de valorar y siempre con la incertidumbre de haber tomado la decisión correcta, en especial para el menor. Siempre queda la duda de si esos padres (los que sí se han considerado idóneos) sabrán atender en la práctica con entendimiento, empatía y sensibilidad a sus hijos y si, con el paso del tiempo y las dificultades, se mantendrán firmes en su incondicionalidad como padres.
En estas Jornadas he tenido la suerte de conocer a familias muy especiales que cumplen todos estos ingredientes y muchos más. Familias que además de ejercer como tales con todas sus consecuencias, ejercen un papel fundamental en sus hijos como tutores de resiliencia.
Además he podido volver a constatar lo esencial que es tejer redes de apoyo tanto entre las familias, como entre las personas adoptadas y entre los profesionales.
La frase “solos caemos y juntos ganamos” cobra todo su sentido. Compartir entre personas unidas por ese hilo rojo, que en este caso es la adopción, ayuda a encontrar a otras personas y familias con quienes compartir muchas vivencias y sentimientos, a pesar de poder ser totalmente desconocidos. Si no les hubiese unido la adopción, es más que probable que nunca se hubiesen cruzado sus caminos.
Unirse ayuda a dejar de sentirse un “bicho raro” y se establece una alianza especial con estas personas desconocidas. En muchos casos encuentran en aquellos que comparten su misma situación a los mejores “médicos” para entender y curar sus heridas; otros encuentran a sus iguales; otros a sus referentes; otros a sus modelos a seguir…y siempre alguien de quien aprender y enriquecerse.
Recibimos estos días con alegría la noticia de que “Adopción punto de encuentro” se ha constituido como asociación “con vocación de servicio cuyo objetivo es apoyar e impulsar a profesionales, organizaciones y asociaciones cuyo fin sea trabajar por la adopción y el acogimiento”. Es sin duda, un gran paso para seguir creciendo juntos.
El asociacionismo ayuda a dar visibilidad en una sociedad que, si bien es más receptiva a lo diferente que hace 20 años, cuando se produjo el “boom” de las adopciones internacionales, todavía tiene muchísimo que aprender y mejorar. La visibilidad ayuda a conocer y, consecuentemente, a normalizar e integrar… como debe ser. La suma de esfuerzos permite muchas veces alcanzar los retos que de forma individual quedan en luchas muy difíciles de conseguir. La unión de las fuerzas ayuda a que se puedan establecer cambios y contemplar aspectos no considerados hasta el momento. No es nada fácil, no, pero lo que no se empieza no se consigue.
“Solos caemos, juntos ganamos”. Un tren con muchos vagones lleno de viajeros muy diferentes pero con un mismo destino. Un tren con estaciones, unas más bonitas y otras más áridas, pero todas forman parte del viaje. Cuando el viaje se comparte, el destino parece estar más cerca.
¡Buen viaje a tod@s!

 

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