Ese entorno cómodo. Por Mercedes Moya

ese-entorno-1Parece de Perogrullo pero la adaptación que tiene que hacer los niños adoptados  es tan global que a veces olvidamos que por que pasan a una “vida mejor” no les va a costar trabajo. Habitualmente ese entorno  cómodo, limpio, y en la medida de lo posible previsible y seguro no les resulta acogedor sino a veces todo lo contrario, ya que provienen de otro muy diferente, de familias no sólo desfavorecidas sino con una situación social profundamente marginal y no sólo en lo que se refiere a los niños adoptados “mayores”, sino a los pequeños también, en los que se observa ese miedo y casi aversión por ejemplo, a la ducha, o sencillamente a lavarse la cara, -no digamos el pelo-, a la oscuridad e incluso al silencio o por el contrario a los ruidos e infinidad de estímulos sensitivos a los que les sometemos sin tener en cuenta que sus sentidos no están en absoluto entrenados, y aunque a nosotros, tan acostumbrados a nuestra vida, nos parezca que nada extraordinario hay en nuestra rutina, a ellos  les cuesta mucho adaptarse a las costumbres y a las normas porque provienen de estratos sociales cuyas costumbres distan mucho de las de las familias a las que se incorporan. Y nos cuesta entender, a nosotros y a los de nuestro círculo, que esa adaptación a un entorno tan “confortable y favorable” les cueste tanto.

Tratan de amoldarse, quieren encajar pero distorsionan, desconciertan y  confunden y se sienten confusos, hay que ayudarles a entender que algunas de sus prácticas y conductas que tan útiles les fueron en un pasado no les sirven en su nueva situación sino que lejos de servirles les causa problemas y muchas veces provoca el rechazo de su nuevo entorno que no comprende ni se hace una idea de lo que provoca esas conductas disruptivas, a veces provocadas por sensaciones que nada tienen que ver con el momento presente y presencial en el que están sino que en ese escenario hay algo que, como en un tunel o una máquina del tiempo, les proyectan a otro escenario y otra situación que nada tiene que ver con la coyuntura que están viviendo. Nuestros hijos son unas pequeñas bombas de relojería con un temporizador cuyo mecanismo puede ponerse en marcha y estallar en las situaciones más triviales, por las razones más insospechadas,

Esos comportamientos y conductas han de ser entendidas y “desprogramadas” procurando que poco a poco asimilen y adapten otras nuevas que les sirvan mejor en el nuevo entorno aunque debemos tener muy en cuenta que las antiguas serán muy difíciles de desbancar porque seguramente les han servido para sobrevivir en etapas anteriores.
Se necesita tiempo, comprensión y paciencia, grandes dosis de esta última para conseguir una vida en armonía familiar y personal para todos, la adaptación para todos, es un camino lento y angosto, lleno de rincones donde las sorpresas de toda índole esperan emboscadas, al principio a cada paso, hasta que incluso en algunos momentos pareciera que incluso forma parte del cuadro familiar, tomando posiciones, presentándose sin avisar en los momentos más inesperados, un miembro al que nunca acabas de acostumbrarte pero al que sin duda aprendes a sobrellevar, lo estudias y tratas de anticiparte aunque siempre encuentra el modo de sorprenderte.

superviviente1leyendaNuestros hijos se incorporan a un sistema social muy organizado que no va a ponérselo fácil, en la escuela por ejemplo, no debería ser sólo un lugar para adquirir conocimientos sino que debería ser para nuestros hijos un lugar de socialización, pero en la mayoría de los casos es donde han de enfrentarse solos a ese sistema en ese lugar en el que deberían existir los mecanismos de adaptación entre iguales de socialización acogedora y segura, muchas veces es donde encuentran mayores barreras y hostilidad convirtiéndose en un caballo de batalla y un hándicap para su desarrollo personal  y social. Los padres podemos intentar estar atentos y estar al quite en los cursos de primaria, pero muchas veces nos encontramos y sentimos tan incomprendidos como se sienten ellos y asumiendo funciones que no nos corresponden y que no favorecen el buen funcionamiento familiar. Un proceso tan fundamental y básico en la vida y el desarrollo de nuestros hijos, como es el de su escolarización  depende de la suerte, de que nuestros hijos den con personas que no les demonicen y que entiendan que han sido víctimas, y que la escuela puede hacer mucho por ellos en lo que a integración e inclusión se refiere.

Nuestros hijos necesitan aprender lo que significa pertenecer a un grupo identificarse con él, sentirse aceptados, tener amigos, sentirse comprendidos de verdad, valorados. Y de no ser así, de no encontrar aceptación y apoyo suficiente para nuestros niños que nadie crea que es un   asunto propio, personal y privado, el que llegue a complicárseles, a complicársenos severamente la vida. La escuela, la sociedad, debe de tener mecanismos de ayuda suficientes y ha de preocuparse por cada individuo que la componga, porque de ello depende el buen o mal funcionamiento de un sistema que hace tiempo que parece haber perdido esto de vista.

 

 

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