Las necesidades del niño y las capacidades de parentalización. Emilce Dio Bleichmar

La cuestión de la filiación es central para cualquier ser humano y sabemos la magnitud que cobra la pregunta sobre los orígenes en los niños adoptados. Pero el interrogante sobre los orígenes no es tanto ¿”de quién soy hija”? sino ¿por qué soy hija de quien soy hija? Una pregunta sobre el deseo del otro. En general, se piensa que el problema de los niños adoptados es decirle que son adoptados. El problema para los niños, no digo que se limite a esto la problemática de los padres (con todo lo que conlleva para ellos la elaboración de su limitación) sino para el niño/a adoptado, ¿”por qué mis padres biológicos no se quedaron conmigo, por qué mi madre biológica no pudo quedarse conmigo”? No es una pregunta sobre la adopción sino sobre el deseo de los progenitores. De ahí la importancia de la fantasía sobre el coito de los padres como un hito importante en la organización de la identidad de los niños, ya que si tuvieron deseo de engendrarlos, ese deseo parece sostener la necesidad de buscarlos, de conocerlos, de parecerse a ellos y sabemos cuántos niños adoptados llegados a la adolescencia o adultez emprenden este camino. […]

La cuestión del deseo de hijo es uno de los requisitos básicos para garantizar una buena futura parentalización, forma parte de los protocolos de historia clínica cuando preguntamos ¿hijo deseado? Sabemos las tragedias que se inician ante un hijo no deseado. Esto nos conduce a otro tema central que es el de la transparencia o el secreto sobre los orígenes. ¿Hacen bien los padres que confiesan a sus hijos que nacieron de un embarazo no deseado? ¿Se dimensionan los efectos de este hecho? ¿Cuál es el mensaje que esta información trasmite? La información que se da a los niños es una información que va cargada de mensaje, no se le dice algo a un niño si no está implicado que se le quiere decir algo más que eso, no fue deseado pero luego se lo quiere y trata como si hubiera sido deseado ¿para qué decirlo?, no fue deseado y por eso tiene los problemas que tiene, ergo no es mi culpa… […]

Las necesidades del niño y las capacidades de parentalización

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Podríamos resumir el derecho de los niños en contar con padres que los hayan deseado y que estén capacitados para cumplir con las funciones propias de la parentalización, funciones múltiples y diferenciadas que suelen definirse por la fórmula apego seguro o un buen vínculo. Los estudios actuales han refinado las distintas dimensiones que configuran un apego seguro que permiten no sólo constatar que al año de edad el niño lo posee, sino que es necesario ante las distintas etapas del desarrollo estar preparados para la respuesta que vaya ampliando y consolidando ese vínculo tan crucial para todas la familias pero especialmente en los hogares de padres e hijos adoptivos.

El apego se establece a partir de la relación de cuidados, el infante establece una preferencia selectiva de aquél de quien recibe la protección y los cuidados. Esta relación se desarrolla porque venimos equipados como especie para “apegarnos” a quien nos alimenta y nos cuida. Pero esta dependencia elemental -propia de la especie de la que formamos parte- se complejiza exponencialmente en nosotros los humanos. Efectivamente el vínculo de apego se va a establecer así sea el medio proveedor negligente, maltratador, abusador para referirme a los casos extremos que muestran que efectivamente en los períodos de gran dependencia la cría no tiene más remedio que apegarse al adulto mejor capacitado para la adaptación vital.

El cuidado vital, efectivamente, es el fundamental para la conservación de la vida y los padres de niños adoptados se sienten felices y orgullosos de poder convertirse en un medio proveedor de todo lo que -por lo general- le ha faltado al niño/a. Y en las pruebas de idoneidad los expertos valoran si los adultos garantizan un adecuado cuidado vital.

Ahora bien, ¿cómo se llevan a cabo tales cuidados? ¿Qué se despierta en la sensibilidad materna y paterna durante los mismos? ¿Son capaces, además, de reconocer los estados de ansiedad de los niños/as, que por lo general, se manifiestan en términos de desobediencia, oposicionismo, travesuras, gamberradas o desorganización? En la actualidad, a la mayoría de los niños cuando atraviesan una etapa de ansiedad y depresión en la infancia se los diagnostica bajo el rótulo de trastorno de déficit de atención e hiperactividad.

La capacidad de regulación de la ansiedad -un fenómeno corporal pero de fuerte incidencia psíquica- es crucial para la crianza y es una tarea del adulto que tiene que saber contener, modular, tranquilizar al infante. ¿Conoce el adulto sus formas de ansiedad y descontrol emocional para poder reconocerlas en sus hijos/as? Tarea crucial a la que nos enfrentan los hijos.

Si somos capaces de cuidar la vida y calmar la ansiedad propia de sus vicisitudes esto facilita que la corriente emocional de afecto, ternura, comprensión y compasión nos desborde sin retaceos, lo que llamamos la dimensión amorosa de la crianza, el placer infinito de “estar”, solo por estar y acompañar, a lo que se suma la proximidad corporal que despierta en nosotros una dimensión de placer sensual que los niños agradecen, ya que la cercanía corporal y la tibieza material se extiende a un sentimiento hondo de sentirse querido.

Si además somos capaces de valorar a nuestros hijos, de tener siempre una palabra y un gesto positivo, no sólo para sus logros sino sobre todo para sus esfuerzos, y ser comprensivos y guiarlos en sus errores, y el niño o la niña se siente reconocido/a en sus gustos propios -que pueden ser diferentes a los nuestros- sentiremos su alegría de sentirse apoyado/a en sus elecciones.

El dilema de la crianza se podría resumir fácilmente ¿cómo los adultos podemos ser proveedores y protectores y simultáneamente estimular y desarrollar la autonomía en los hijos/as? ¿Cómo se pasa de la dependencia primordial y la protección 100% a la independencia responsable? Se trata de un equilibrio inestable que cada adulto tiene que valorar casi en forma constante.

Apuntes sobre clínica de la adopción.Emilce Dio Bleichmar

Publicado en la revista “Aperturas Psicoanalíticas”nº031

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