El rol del tutor en el aprendizaje del menor adoptado. Ana Mª Linares Alonso

Para todos los niños, la figura del profesor y del tutor es fundamental. Es el adulto de referencia en la escuela. Es quien nos enseña, nos ayuda a aprender, nuestro principal apoyo, quien nos contiene. Todos recordamos a aquel profesor con el que encajamos, con el que hubo química y que nos marcó, igual que todos recordamos a aquel profesor que nos hizo la vida imposible y cuya asignatura creímos que nunca aprobaríamos.

En los menores adoptados, el papel del tutor, adquiere sin embargo, un papel mucho más relevante de lo que puede ocurrir con el resto de niños.

Un niño adoptado, es un niño abandonado, es un niño que ha sufrido una pérdida, una ruptura. Eso hace que sea un niño inseguro y desconfiado, un niño con miedos y preocupaciones, con un gran temor a que se produzca un nuevo abandono y mucho más sensible al rechazo que el resto. Un niño adoptado vive con mayor intensidad y dolor la crítica o el fracaso, al igual que es mucho más sensible al refuerzo positivo.

Tenemos que pensar que es como un adulto que ha sufrido un desengaño amoroso, una traición ¿cuánto tiempo va a tardar en volver a confiar ciegamente, en apostar por una relación?

Pero debemos contemplar que el niño además, puede acarrear una serie de retrasos madurativos fruto de atenciones precarias y/o negligencias tanto en el embarazo como en la primera etapa lo que incrementa su inseguridad ya que sus respuestas no siempre son acordes a las de sus compañeros y/o no entiende exactamente sus conversaciones.

Entonces si juntamos:

– el que no tiene el mismo nivel de desarrollo que sus compañeros
– el que quiere agradarles para que lo acepten haciendo que se ponga muy insistente y hasta pesado.
– el que el resto de compañeros detectan enseguida esas carencias lo que puede convertirse en blanco fácil de burlas a las que además,
– el que la respuesta a esas mofas es mucho más abrupta y descontrolada que el resto alimentando el que se repitan

Si el niño está tranquilo podrá enfrentarse al reto de lo nuevo, de lo desconocido sin miedo a equivocarse o a sentir esto como un fracaso. Se verá motivado. Es imprescindible que el niño sea reforzado continuamente con palabras de apoyo, de ánimo y de aliento aunque sus logros sean pequeños porque esto le dará confianza en sí mismo y será entonces cuando pueda comenzar a ser autónomo en el desarrollo de las tareas.
Recuerda que primero asentamos lo afectivo para después trabajar lo instructivo porque aprendemos a andar antes que a correr.